lunes, 25 de octubre de 2010

LA MENTE DEL VIOLENTO

LA MENTE DEL VIOLENTO
por Alejandro Toledo Alcalde. Licenciado en Psicología

"Un joven es juzgado por provocar un incendio que terminó con la vida de 5 mujeres y niñas de origen turco mientras dormían. El joven integrante de un grupo neonazi trató de disculpar su conducta aludiendo inestabilidad laboral, problemas con el alcohol y a su creencia de que los culpables de su mala fortuna eran los extranjeros... termina el alegato diciendo me arrepentiré toda mi vida por lo que hice...”.

¿Le viene a la mente alguna situación similar? Pues sí, estas historias se repiten a diario en todo el mundo de una u otra forma, nos abofetean, nos desgarra el corazón, nos gritan a la cara que muchas veces somos menos humanos de lo que pensamos y que hasta los animales tienen más respeto por su especie que nosotros.

Las diversas investigaciones científicas nos dicen que tenemos dos mentes: una que siente y otra que piensa. Hagamos un breve comentario de ambas, empecemos por la que siente; en nuestro cerebro existe un órgano que parece una nuez se le llama amígdala, es el primero que recibe la información que captan nuestros sentidos, ha almacenado durante toda nuestra vida información emocional (sobre todo miedos y rabia) y relaciona automáticamente lo que nuestros sentidos perciben con la información que tiene almacenada. Como se caracteriza por ser irracional envía mensajes a nuestro cuerpo para que se prepare a actuar sin pensar.

Por ejemplo con relación al miedo, “un sujeto pasa por una calle oscura, mira a lo lejos una sombra que se mueve, automáticamente la información llega a la amígdala y esta ordena al cuerpo que los músculos se pongan rígidos preparados para huir o defenderse, palidece el rostro, suda todo el cuerpo y otras manifestaciones, como la aceleración del corazón; todo esto porque en sus recuerdos emocionales hay una experiencia (aún no resuelta) de hace algunos años que sufrió un atraco en un lugar similar...”

Pero todo no queda allí la información también va a otra parte de nuestro cerebro (aunque tarda un poco mas) que esta ubicada en nuestra frente, denominada prefrontal, aquí se procesan las reflexiones, ideas, valores, pensamientos racionales aunque también irracionales. Entonces cuando el sujeto esta paralizado de miedo la información que la amígdala la ha interpretado como una amenaza, el prefrontal lo analiza y racionaliza luego concluye que en este caso, se trata de la sombra de un árbol que se mueve por el viento y le envía al cuerpo el mensaje “tranquilo, no hay peligro...”o “huye hay peligro”.

En teoría esta es la forma natural para la que está preparada nuestro cerebro a reaccionar ante las situaciones adversas, pero como nos muestra la realidad no siempre es así. ¿Por qué actuamos impulsivamente o no nos controlamos cuando deberíamos de hacerlo y terminamos haciendo daño a otra persona con actos o palabras violentas?

Primero : Como hemos dicho las emociones se procesan inteligentemente por el órgano prefrontal que almacena las ideas que adquirimos, pero estas ideas también pueden ser equivocadas o irracionales como “ las personas que son diferentes tienen menos valor, algunos tienen menos derechos que otros” etc... Estas ideas con seguridad le harán actuar de forma racista o sexista, en un momento dado, con más o menos violencia, dependiendo del momento.

Segundo: El maltrato infantil puede causar daño en la relación entre los dos órganos mencionados que controlan las emociones y la razón, hasta atrofiarla, creando así futuros maltratadores, ya que les será muy difícil controlar sus emociones que emanan de sus recuerdos y es posible que reaccionen violentamente como lo hicieron con él o ella, ante situaciones o personas similares a las que vivió cuando niño.

Tercero : El alcohol y las drogas esta presente en mas del 50% de la violencia cotidiana en el mundo.

Citemos por ejemplo la droga que está de moda (el éxtasis), los jóvenes desconocen que el consumo habitual genera que el cerebro produzca cada vez menos una hormona que cumple la función de calmar el sistema nervioso, ya que estas pastillas al ser un excitante, inhiben la producción de la otra, generando con el tiempo una deformación en las neuronas y un constante riesgo de descontrol emocional, con sus consecuencias.

En conclusión: El cerebro humano a evolucionado para actuar armónicamente entre lo racional y lo emotivo. El asunto radica cuando por alguna razón (creencias, exceso de drogas, alcohol, experiencias traumáticas, etc.) la persona no controla sus emociones y se produce un “secuestro de la razón” y un desborde emocional que puede llevar al sujeto a cometer acciones violentas.

Existe un consenso en que una de las alternativas para paliar esta situación es fortalecer la formación de creencias y valores racionales a través de la educación en todos los niveles desde la familia hasta la sociedad en su conjunto.

Por último, habrán personas que necesiten apoyo psicoterapéutico para solucionar conflictos emocionales mas serios, que la sola educación no será suficiente.



Lecturas recomendadas:

George Ricarte, “Consumo drogas, efectos en el cerebro y violencia”,

Jose Sanmartin, “Emoción Razón y violencia”,

Daniel Coleman, “Inteligencia Emocional”.





Alejandro Antonio TOLEDO ALCALDE
Licenciado en Psicología
atoledoalcalde@hotmail.com

viernes, 15 de octubre de 2010

FANATISMO

FANATISMO
por Mª José Hernando. Licenciada en Psicología
La bárbara demostración que todos pudimos presenciar por televisión el día 11 de septiembre ha hecho que en estos días más que nunca hayamos escuchado hablar del fanatismo. Pero muy pocas personas se han molestado en explicar qué es el fanatismo y por qué se produce, qué puede hacer que un ser humano utilice como arma un avión lleno de gente y lo estrelle contra un edificio con miles de personas dentro.

En realidad el fanatismo es un concepto que suele llevar «apellido». Hablamos de «fanatismo religioso», «fanatismo racial», «fanatismo político», etc. Y normalmente identificamos el fanatismo con manifestaciones de violencia. Pero eso no siempre es así: fanatismo es también la causa de los gritos y lloros de los adolescentes en presencia de sus ídolos musicales.

El fanatismo es, básicamente, un ahorro de energía psicológica. Para entenderlo pensemos en los registros, en las sensaciones que producen las dudas. Una persona que experimenta dudas en una situación determinada se encuentra en la necesidad de realizar una elaboración compleja: ha de buscar las distintas posibilidades, estudiarlas, sopesarlas, calcular los factores que pueden intervenir, mirar el problema desde distintos puntos de vista, calcular las posibilidades de éxito/fracaso... Durante ese proceso el psiquismo trabaja mucho, se experimenta una sensación de inseguridad, las acciones son más lentas y la incertidumbre produce cierto temor (al fracaso, al error, a las consecuencias, etc). Da igual de qué duda estemos hablando: ¿existe dios?, ¿vamos al cine?, ¿estudio derecho?, ¿me caso con esa persona?. Como es lógico, a mayor trascendencia de la duda mayor es la tensión que se produce y más fuertes son las sensaciones de incertidumbre, inseguridad, lentitud de las acciones y temor.

El fanatismo ahorra todo esto. Propone al psiquismo una solución rápida, contundente, eficaz. El fanatismo elimina la incertidumbre al 100%. Como consecuencia produce un registro de unidad, de coherencia personal que refuerza el mecanismo: el fanático se siente seguro y su seguridad refuerza el fanatismo. Su certeza le libera del temor (al error, a las consecuencias, al fracaso...) y esa liberación refuerza su fanatismo. El fanatismo le ayuda a integrarse en un grupo con el que se identifica y que le acoge con entusiasmo: esa integración también refuerza el fanatismo. Todas estas sensaciones facilitan sus acciones y sus acciones también refuerzan su fanatismo. En síntesis, desde un punto de vista psicológico el fanatismo supone un gran ahorro de energía que impulsa a la persona.

¿Entonces por qué no somos todos fanáticos?

Probablemente en una gran mayoría de los «sensatos» ciudadanos occidentales existe un cierto grado de fanatismo. De hecho, podemos reconocer fanáticos de equipos de fútbol y de otros personajes públicos; fanáticos religiosos capaces de flagelarse el cuerpo, fanáticos políticos, fanáticos de ciertos alimentos, etc, etc.

Lo que nos sorprende es lo que el fanatismo puede llegar a producir, sobre todo cuando se traspasa el límite de la vida misma. Pero en realidad, si pensamos bien veremos que nuestra cultura occidental también ensalza ese tipo de fanatismo ya desde la escuela: héroes que dieron su vida por su país, mártires que dieron su vida por su dios, conquistadores que extendieron su fe salvadora por el mundo... Incluso nos hemos habituado a escuchar a deportistas que lo «dan todo», a entrenadores que exigen «luchar a muerte» por la victoria, a seguidores «a muerte» de sus colores... De hecho, en occidente se admira a quien da su vida por un ideal, siempre que el ideal sea «políticamente correcto».

Pero el fanatismo esconde unos terribles «efectos secundarios»: limita la libertad, empobrece el psiquismo, incomunica, limita la autocrítica y el afán de superación, reduce la riqueza de matices de la vida y en muchos casos desemboca en la negación de la dignidad humana de los otros.

¡Que se lo pregunten a los ciudadanos neoyorkinos!.



Mª José Hernándo
Licenciada en Psicología clínica y escolar

domingo, 10 de octubre de 2010

MALTRATOS Y ABUSOS SEXUALES CONTRA MENORES

MALTRATOS Y ABUSOS SEXUALES CONTRA MENORES
por Rocio Toledo

Actualmente vivimos un periodo donde se comienza a estudiar el problema de los efectos de la violencia, sea ésta del tipo que sea, sobre las personas y, dentro de este problema, el abuso sexual sobre menores es tan sólo un problema más, particular, acotado y con sus propias connotaciones y características.

El primer motivo para la represión legal del abuso sexual sobre menores es que existe una evidencia clínica creciente de que el abuso sexual durante la infancia afecta verdaderamente al desarrollo psicológico ulterior del adulto.

La hipótesis del abuso sexual como “trauma” dentro del desarrollo evolutivo del niño ha adquirido peso específico durante los últimos años. En este sentido, Mullen et al., demuestran que existen secuelas en las víctimas infantiles que les afectará en su desarrollo adulto y que son:

· Declive del status socioeconómico

· Problemas sexuales crecientes

· Propensión a percibir a sus parejas como poco cariñosas e hipercontroladores

Mullen también asegura en su artículo que existen otros factores de deprivación y desventaja asociados al abuso sexual y que, por tanto, sería inadecuado realizar intervenciones terapéuticas centradas exclusivamente en el trauma sexual. Esto es completamente coherente con los datos que aportó: “Las reacciones de las víctimas son mucho más complejas y multidimensionales, y se trate del tipo de abuso que se trate, y en su conjunto, tan sólo el 50% de los niños nos informarán de alguna consecuencia para su salud mental a largo plazo”.

Aunque a veces se tiende a hablar del maltrato infantil como concepto global y éste se suele definir como “el tratamiento extremadamente inadecuado que los adultos encargados de cuidar al niño le proporcionan y que representa un grave obstáculo para su desarrollo”, se podrían establecer diferentes tipos, cada uno con características propias. En la actualidad se consideran cinco tipos diferentes de maltrato:

1) Abuso físico (maltrato físico activo): acción no accidental llevada a cabo por un adulto encargado de cuidar al niño, que le produce daño físico o que le sitúa en riesgo de sufrirlo.



2) Abuso emocional (maltrato emocional activo): acción no accidental, llevada a cabo por un adulto encargado de cuidar al niño, de naturaleza psicológicamente destructiva y que deteriora gravemente el desarrollo psicológico del niño, o que representa un grave riesgo para ello. Incluye: hostilidad, rechazo crónico, corrupción, aterrorizar al niño/a, etc.



3) Negligencia física (maltrato físico pasivo): persistente falta de atención de las necesidades físicas del niño (alimentación, vestido, higiene, vigilancia médica, …) por parte de los adultos encargados de su cuidado.



4) Negligencia o abandono emocional (maltrato emocional pasivo): persistente falta de atención a las necesidades psicológicas del niño (seguridad, afecto, …) por parte de los adultos encargados de su cuidado. Incluye: falta continuada de disponibilidad psicológica e interés hacia el niño, falta repetida de respuesta a las conductas iniciadas por el niño, …



5) Abuso sexual: cualquier acción de tipo sexual (que transgrede los tabúes existentes en ese sentido en una determinada sociedad) por parte de un adulto hacia un niño.



Si nos guiamos por esta definición de abuso sexual, hay que destacar un primer elemento: los abusos sexuales distan de ser algo objetivo, es decir, dependiendo del contexto social donde se den serán vividos como abusos o no. El único tabú universal es el tabú del incesto y proviene prácticamente del nacimiento del hombre como especie. Según esta prohibición, los hombres de la tribu no pueden tener contacto carnal con las mujeres de su familia.



Este último tipo de maltrato, el abuso sexual, es el que se produce fundamentalmente contra las niñas, distribuyéndose de forma inversa en los demás tipos de maltrato.



Existen otras clasificaciones de tipos de maltrato, por ejemplo la realizada por Henry Kempe en su libro "Síndrome del niño maltratado", en el cual establece cuatro subtipos:

a) Maltratos físicos: la violencia física implica la existencia de actos físicamente nocivos contra el niño. Queda definida por cualquier lesión inflingida (hematomas, quemaduras, lesiones en la cabeza, fracturas, daños abdominales o envenenamiento, administración a un lactante de las dosis de sedantes correspondientes a un adulto o bien drogas alucinógenas, ...). Las lesiones producidas requieren atención médica. La negligencia física también estaría incluída aquí e implicaría un fallo del progenitor en cuanto a actuar debidamente para salvaguardar la salud, la seguridad y el bienestar del niño. Incluye el abandono alimenticio, la falta de cuidados médicos, o bien la ausencia de una suficiente protección del niño contra riesgos físicos y sociales.

b) Maltratos psíquicos: el maltrato psicológico es el más difícil de diagnosticar por la dificultad de encontrar unas manifestaciones características. Es la consecuencia de un rechazo verbalizado, de falta de comunicación, insultos y desvalorización repetida, educación en la intimidación, discriminación en el trato en relación con el resto de hermanos o compañeros y exigencias superiores a las propias de la edad. La negligencia y el abandono emocional se dan cuando el niño no recibe las atenciones afectivas, nutricionales, educacionales, sanitarias e higiénicas que necesita. Un ejemplo de esto sería la mendicidad.

El abandono emocional coincide casi siempre con los malos tratos físicos, pero también puede darse en casos en que los cuidados meramente físicos son buenos, ocasionando entonces el mismo daño a la personalidad en vías de desarrollo. De vez en cuando surgen noticias de niños a los que se ha dejado atados en un desván o un sótano, aunque lo más frecuente son las formas sutiles de maltrato emocional, en las que un niño es constantemente aterrorizado, regañado o rechazado. Cuando el progenitor está constantemente ausente en el sentido emocional, el niño puede sufrir por causa de una privación que puede pasar perfectamente inadvertida.

El maltrato emocional, en ausencia de daños físicos, resulta difícil de demostrar, aunque sus efectos pueden ser invalidantes. Suelen ser diagnosticados por psiquiatras o psicólogos tan sólo años después, cuando los síntomas de la alteración emocional se hacen más evidentes. Los actos nocivos son sobre todo verbales, diciéndole constantemente al niño que es “odioso, feo, estúpido” o haciéndole ver que es una carga indeseable. Puede incluso no llamársele por su nombre, y referirse a él como “tú”, “idiota” o de cualquier otro modo insultante. Un niño así se siente el “chivo expiatorio” dentro de la familia, e incluso sus hermanos y hermanas son activamente animados, y quizá recompensados, por ultrajarle o ignorarle.

c) Maltratos sexuales: implican la explotación de niños mediante actos tales como incesto, abusos y violación. Los abusos sexuales se definen como la implicación de niños y adolescentes dependientes e inmaduros en cuanto a su desarrollo, en actividades sexuales que no comprenden plenamente y para las cuales son incapaces de dar un consentimiento voluntario o que violan los tabúes sociales o los papeles familiares. Incluyen:

- Paidofilia: supone el contacto sexual, no violento, de un adulto con un niño, y puede consistir en manipulaciones, exhibiciones de genitales, o contactos buco-genitales. La edad del niño suele oscilar entre los dos años y el comienzo de la adolescencia.

- Incesto: corresponde a individuos con personalidades psicopáticas y sexualidad indiscriminada, que consideran a sus hijos como objetos, siendo frecuentemente violentos (relación materno/paterno-filial). Se puede iniciar a la edad de uno o dos años y continuar hasta la adolescencia.

- Proxenetismo: explotación de menores con fines lucrativos por parte de individuos con o sin parentesco con ellos (p. ej.: la prostitución infantil).

- Violación: es un abuso sexual violento, sin consentimiento por parte del menor.

d) Maltratos institucionales: se pueden definir como “cualquier legislación, programa, procedimiento, actuación u omisión procedente de los poderes públicos, o bien derivada de la actuación individual del profesional o funcionario de las mismas. Comporta abuso, negligencia y detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar físico, la correcta maduración o que viole los derechos básicos del niño y de la infancia”. También como institución, nos referimos a los medios de comunicación ya que tienen la suficiente fuerza como para poder modificar, aleccionar y formar hábitos en la población en general y también en la infancia.

A diferencia de los otros tipos de abusos cometidos contra el niño, en la variedad institucional, no es necesario el contacto directo entre el niño y las personas que van a dictar las disposiciones, normativas, etc., que pueden constituir malos tratos. Detrás de una mesa de despacho también se puede ser responsable de malos tratos. Tampoco hay que olvidar que el profesional o funcionario también pueden actuar directamente sobre el niño y producir un mal trato. Hay dos diferencias fundamentales: mientras que en el maltrato familiar aparecen síntomas evidentes a corto plazo o desde el momento de la agresión, en el maltrato institucional son raras las manifestaciones a corto plazo, provocandose las alteraciones a medio y largo plazo.

En el tema de los abusos sexuales infantiles, al igual que en todos los demás temas tabúes, existen numerosas creencias erróneas. A continuación apuntaré las más comunes, las cuales, de forma más o menos consciente, contribuyen a ocultar el problema, así como a tranquilizar a quienes no desean afrontarlo:

· Muchas personas piensan que los abusos sexuales no existen o son muy infrecuentes y, sin embargo, la frecuencia es muy elevada.

· La mayor parte de las personas creen que los agresores son personas con graves patologías o con desviaciones sexuales y, sin embargo, casi todos los abusos sexuales son cometidos por sujetos aparentemente normales.

· Es usual creer que si los abusos sexuales ocurrieran en nuestro entorno inmediato, nos enteraríamos. La realidad es que la mayor parte de los casos de abusos sexuales no son conocidos por las personas más cercanas a las víctimas y estas tienden con mucha frecuencia a ocultarlos.

· Se suele creer también que los abusos sexuales a menores sólo ocurren en ambientes muy especiales, asociándolos con la pobreza, baja cultura, etc. Aunque es posible que en determinados ambientes sean más frecuentes, los datos confirman que están presentes en todas las clases sociales, zonas geográficas, etc.

· Es también muy frecuente la tendencia a creer que los niños, cuando los cuentan, no dicen la verdad o que están fantaseando. Por el contrario, cuando un niño dice que ha sido objeto de estas conductas, prácticamente siempre dice la verdad y, por consiguiente, debemos creerle.

· También parecería razonable creer que si la madre de un niño se enterara de que su hijo ha sido objeto de un abuso sexual, no lo consentiría y lo comunicaría a alguien o lo denunciaría. Sin embargo, la realidad nos demuestra que si el agresor es un miembro de la propia familia, bastantes madres reaccionan ocultando los hechos.

· Otro error consiste en creer que en la actualidad hay más abusos a menores que antes, lo que pasa es que ahora son estudiados.

· Tampoco es correcto creer que los agresores son casi siempre familiares o casi siempre desconocidos. Los agresores pueden tener relaciones de muy diversos tipos con la víctima y no conviene hacer simplificaciones erróneas.

Los abusos sexuales contra niños se cobran al año un número desconocido de víctimas. No podemos arrancar las raíces de los abusos sexuales contra los niños, pero lo que sí podemos hacer es, a través de programas de prevención y tratamiento, educar al público sobre los peligros de estos abusos sexuales y sobre la necesidad de denunciar dichos abusos y los intentos de abuso.

Estos programas de prevención pasan, en primer lugar, por educarnos a nosotros mismos como padres o futuros padres, a nuestros hijos y a los profesionales que les rodean sobre los peligros y las consecuencias de los abusos sexuales. Esto será vital porque la experiencia demuestra que los niños alertados sobre la posibilidad de ser atacados sexualmente están mejor preparados para protegerse de ello que los que no son conscientes de dicho peligro. Además, tendrán más probabilidades de revelar un incidente que los niños que sólo reconocen vagamente lo que les ha ocurrido.

En segundo lugar, los padres deben crear un ambiente en el que los niños sean libres de comunicar y discutir cualquier situación que les haga sentirse incómodos, y de revelar cualquier ataque sexual que hayan podido sufrir. Se ha de romper la barrera de silencio que rodea a este delito porque únicamente cuando se es consciente de la gravedad del problema y de sus consecuencias, disminuirán los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que suelen experimentar las víctimas de este tipo de delitos. Solo entonces se romperá el silencio y dejarán de considerarlo un profundo y oscuro secreto.



Rocío Toledo
Licenciada en Psicología

miércoles, 8 de septiembre de 2010

PONERLE PALABRAS AL DOLOR

PONERLE PALABRAS AL DOLOR
- Acerca del maltrato psíquico a mujeres -
por Lic. Mariana Fiksler



LA AUTOESTIMA ES UNA DEFENSA CONTRA LAS MALAS RELACIONES; LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA TAMBIÉN




Cuando hablamos de maltrato psíquico nos referimos a toda conducta, intencionada, que produce desvalorización y sufrimiento.Estas conductas abarcan un espectro que va desde el abuso verbal hasta la toma de decisiones, que la involucran, sin consultar a la mujer.Este abanico no excluye burlas, ridiculizaciones, manipulación, control abusivo de la economía familiar o desprecio.



El maltrato psíquico tiende a la destrucción de la mujer

Esta destrucción resulta “visible”a través de síntomas varios: depresión, ansiedad, insomnio, complacencia excesiva por miedo a provocar ataques; en casos extremos deseos de suicidio.

El maltratador alterna días de ataque con arrepentimientos y días de “cariño”.estos días son, precisamente, el gran enemigo de la mujer maltratada porque descansa en esta “paz aparente” y “se olvida”.

En este descuido reaparece la tensión y sobreviene el nuevo ataque.

Estos días de calma devienen, además, en impedimento para cortar el vínculo –porque hay que cortarlo-.




El tiempo de bienestar se paga con la dignidad.

Cuando la relación está en sus comienzos y nada parece delatar el futuro calvario los primeros indicios encuentran a la mujer desprovista de respuestas .Estos ataques primeros resultan increíbles; ser agredida, humillada por “su amor” le parece inimaginable.

Los pequeños actos de dominación cotidianos son tomados como normales hasta que empiezan aparecer las faltas de respeto, las burlas, las mentiras…

Si no se reacciona a tiempo, progresivamente las conductas se agravan.

Claro que la reacción es improbable porque su falta de valoración personal le impide reclamar por sus derechos, la hace propensa a ocupar ese sitio en el que será insultada, despreciada, se le negará dinero, se le impedirá trabajar o estudiar y no podrá salir sin justificar la salida.

El hombre domina a su mujer, muy en particular, a través del control económico.

La dominación es el arma que da poder a estos hombres cuya valoración personal da por tierra y por esta razón necesita de una compañera inmóvil.

Restringe todo movimiento de su mujer por la no disponibilidad de dinero.





¿Cómo son estos hombres?

Son manipuladores emocionales.

Son hombres débiles que utilizan la dominación como modo de “creerse” superiores-al menos para no “saberse” débiles.

Buscan y necesitan gente débil a su alrededor para ocultar la propia.

Esta falta de seguridad y fortaleza es reemplazada por el hipercontrol y los celos sin medida ni causa real.

Consideran a su mujer y sus hijos como su propiedad y, con las pertenencias “uno hace lo que quiere”.





Perfil de la mujer maltratada

Son mujeres de muy baja valoración personal a quienes acompaña una marcada sensación de no poder valerse por si mismas, es precisamente este rasgo de personalidad el que las hace dependientes pues sienten que si se quedan solas no sabrían qué hacer.

Fueron mujeres educadas con responsabilidades excesivas, no acordes con su edad; o por el contrario muy protegidas en su infancia; tanto que buscan un hombre que tome las decisiones por ellas.

En caso de haber tenido responsabilidades prematuras en la infancia se transforman en mujeres altamente responsables y con gran sentido del deber y la obediencia.






¿MARCHARSE DE CASA?


Cuando esté en peligro tu propia seguridad o la de tus hijos puedes abandonar el domicilio sin incumplir el deber de convivencia, siempre que en el plazo de 30 días solicites unas medidas provisionalísimas o presentes demanda de separación.

LAS MEDIDAS PROVISIONALES

Previstas para los casos de urgencia y necesidad, la Ley te faculta para solicitarlas personalmente del juez de Familia sin necesidad de Abogado ni de Procurador.

Contienen la autorización para vivir separados, medidas sobre la custodia de los hijos, disposición de la vivienda y auxilios económicos.

LA DEMANDA

Se interpone en el juzgado de Familia por medio de Abogado y Procurador. Si careces de recursos económicos y has solicitado asistencia jurídica gratuita encontrarás asesoramiento en el Colegio de Abogados, con la finalidad de orientar y encauzar tus pretensiones.

AL ABANDONAR EL DOMICILIO PROCURA LLEVAR CONTIGO:

· El libro de familia

· DNI propio y el de tus hijos

· Cartilla de la seguridad social

· Nómina de la persona con la que convives o copia de la declaración del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF)

· Facturas y documentos que acrediten los gastos del sostenimiento familiar.






NO TE DOY MIS OJOS



- El primer paso de este arduo camino es hablar.Hablar sobre aquello que “no puede decirse”.

- Acudan a un servicio de atención a mujeres, a la Concejalía de la Mujer, a Servicios Sociales Municipales.

- En primer lugar tienen que salir: salir es romper el silencio.

- Rompan el silencio denunciando la situación.

- Más tarde vendrá el tratamiento psicológico que les devuelva las riendas de su propia vida.Porque accederán a ellas.

- Lograr salir de esa relación es dejar de ser víctima de la violencia.

- Salir implica dejar el miedo y el peligro atrás.

- Una vez que logran este movimiento, casi todo lo demás es posible.

- Salir es el primer paso hacia la valoración personal.

- Una mujer que logra dar este paso comienza a recuperar la confianza en si misma.



Inicia el camino que la llevará a disfrutar de su dinero, de su tiempo; de su deseo, fundamentalmente.







Lic. Mariana Fiksler
Psicóloga y escritora
Profesora de educación infantil y primaria
psicologianet@hotmail.com

jueves, 2 de septiembre de 2010

Victimización infantil en la escuela

Victimización infantil en la escuela
por Mª José González

Los niños sufren de ciertos tipos de violencia que quedan excluidos de trato legal, por ejemplo los asaltos de manos de otros niños, incluso si son repetitivos y crónicos. Esta falta de sensibilidad puede deberse a que existe la tendencia a considerar este tipo de violencia como lucha y no como victimización. En esto difiere de la agresión de los adultos, ya que si un adulto es agredido en una pelea será considerado "víctima" y tendrá carácter de malos tratos. Pero para los niños ¿es menos violento o traumático que le pegue otro niño que un adulto?.
La vulnerabilidad infantil se pone de manifiesto en los episodios de violencia familiar en los que el niño no es agredido pero es un observador aterrado de situaciones de malos tratos, generalmente del padre a la madre. Los hijos pueden aprender que la violencia es una conducta aceptable, que forma parte de la intimidad y que esa violencia y miedo se puede usar para extender el control sobre el resto de la familia. Aunque en un principio compadecen a la madre, conforme crecen esta solidaridad se transforma en hostilidad. En la adolescencia las chicas pueden desarrollar una extrema aversión hacia los hombres y los chicos, con frecuencia, se ponen del lado de sus padres e incluso llegan a agredir a sus madres. La repercusión a nivel escolar es que las chicas muestran trastornos somáticos, introversión y pasividad, mientras que los chicos suelen ser más disruptivos y agresivos hacia las cosas y las personas.
En la escuela, la conducta agresiva parece estar relacionada con las variables afectivas y de relación familiar, como puedan ser el rechazo de los padres, el castigo agresivo y la carencia de identificación con los padres. Algunas víctimas crecen en la convicción de que el empleo de la agresividad es el mejor camino para conseguir lo que quieren. El haber sido víctima en la infancia propicia que de adulto se victimice a otros.
En los procesos de interacción en el aula debemos tener en cuenta los factores motivacionales, el autoconcepto académico, el ánimo con que se afronta la tarea y los factores afectivos. Cuando un individuo se incorpora a un grupo social se dan dos tendencias: el deseo de dominio y el de afiliación. El fenómeno de agresión entre iguales podría deberse a la desintegración que sufre el niño cuando ingresa por primera vez en el medio escolar. Su mundo, el familiar, queda relegado y aparece su deseo de ser y hacer acrecentado por la novedad y el ambiente. Pero su deseo y actividad se encuentran con los de otros y provocan un conflicto que se resolverá en función de su temperamento e historia personal. Así, optará por esforzarse en prevalecer sobre el otro, se someterá a él, o bien se aislará. De cualquier manera, le permitirá encontrar a aquel o aquellos que lo acepten y descubrirá el placer de pertenencia.
En las relaciones entre iguales en el aula, el comportamiento del grupo estará determinado en gran medida por la estructura que se forma como resultado de la interacción y por sus normas de comunicación. El estudio de la dinámica del aula pone de manifiesto que el propio grupo de alumnos genera y mantiene unas estructuras relacionales que no están bajo el control del profesor y confieren una especial estructura al grupo. Para prevenir, solucionar y cambiar los problemas de conducta del grupo las líneas de comunicación de la clase deberán estar abiertas. Si la comunicación se suprime no se favorece la enseñanza y aparecen sentimientos de hostilidad y resentimiento a nivel individual y grupal.
El camino que suele seguir un niño violento en la escuela consta de 3 fases: a) el niño muestra conductas claramente antisociales, b) lo cual le lleva a ser excluido del grupo de iguales, c) y acaba fracasando en la escuela. Cuando el niño pasa por una de estas fases, aumenta la probabilidad de pasar a la siguiente.
Cuando se estudia la vida emotiva en las aulas, se observa una estructura informal basada en la popularidad que tienen sus miembros dentro del grupo. Esta estructura está basada en las elecciones o rechazos que los demás hacen de uno de sus miembros, diferenciándose tres tipos sociométricos diferentes: a) el alumno popular, es el líder indiscutible (por prestigio exterior o destrezas), b) el aislado (el que nadie o casi nadie elige) y c) el rechazado o impopular (presenta frecuentes manifestaciones agresivas y de desacuerdo, demandas de atención sobre sí mismo y ausencia de refuerzos hacia los demás).
Algunos tratan de reforzar su autoestima tratando de adquirir prestigio a través de actividades compensatorias. Otros acrecientan su agresividad, fanfarronean, mienten, buscan una notoriedad para compensar su frustración. Otros, simplemente se aíslan y así se acrecienta su sentimiento de inferioridad.
Muchas conductas indeseables que se producen en el aula, se adquieren y mantienen en gran parte por el refuerzo de los compañeros. En la interacción dinámica entre escolares hay tres grupos bien diferenciados: el grupo mayoritario de bien adaptados y dos grupos mucho menores, uno de agresores y otro de alumnos víctimas. El grupo refuerza las conductas agresivas, ya que se valora más positivamente a los agresores que a las víctimas, lo cual se traduce por un lado en un mayor sentimiento de afiliación en los agresores y por otro en que las víctimas se sientan más apartadas y solitarias.
El ambiente generado por la institución escolar a través de sus preceptos, currículos, normas, etc. orientan al grupo hacia una determinada forma de interacción profesor - alumno y también de los alumnos entre sí. Por tanto, para que se cree un buen clima de grupo y evitar de algún modo la agresividad, sería de gran ayuda que las instituciones escolares se basaran y fomentaran más la cooperación en lugar de la competitividad.


Mª José González
Licenciada en Psicología
mjgonzalez@psicocentro.com

domingo, 22 de agosto de 2010

LA LECTURA Y LA ESCRITURA COMO ESTRATEGIA PARA EL APRENDIZAJE AUTÓNOMO

LA LECTURA Y LA ESCRITURA COMO ESTRATEGIA PARA EL APRENDIZAJE AUTÓNOMO
por Mª José González. Licenciada en Psicología

El aprendizaje consiste en asociar conocimientos propios a conocimientos nuevos y de esta manera construir nuestros propios significados a partir de los ajenos. Distinguimos 2 tipos de aprendizaje:

-Asociativo: es profundo y duradero en el tiempo.

-Memorístico: es superficial y poco duradero en el tiempo.

Lo deseable sería realizar un aprendizaje asociativo, pero no siempre hacemos relaciones con la información adquirida. En ocasiones, por muy lamentable que nos parezca, nos quedamos en la superficie del aprendizaje al limitarnos a memorizar la información sin establecer esa relación con los conocimientos previos, con lo cual, con la misma velocidad que adquirimos ese conocimiento se nos disipa y se pierde. Por tanto, en el proceso de aprendizaje la memoria tiene un objetivo claro, el de reproducir conceptos y para ayudarnos en estas tareas están las estrategias de aprendizaje, las cuales son actividades intencionales que se realizan con el propósito de facilitar la adquisición, almacenamiento y posterior uso de la información. Las más empleadas son: las estrategias de lectura, las de escritura, los mapas conceptuales y los diagramas de flujo.

Para realizar un buen aprendizaje son necesarios algunos requisitos. Uno de ellos es la motivación hacia el tema, del cual hay que elaborar conceptos y organizar contenidos; sin embargo, la intención de aprender no es una garantía de que el sujeto aprenda. Por contra, se puede aprender aunque ese no sea el propósito, por ejemplo a través de la lectura por placer; es lo que llamaríamos aprendizaje incidental y se produce debido al hecho de que comprender es una actividad intelectual que implica atribuir significado a la información nueva y relacionarlo con la ya existente.

Otros de los requisitos son la autodirección y el autocontrol, es decir, que haya presencia de un objetivo y conciencia de que existe, pero además será necesario realizar una evaluación o supervisión periódica de las propias acciones. Cuando estas estrategias se aplican a la información escrita presentan la ventaja de su permanencia ya que el lector puede volver sobre el texto, manipularlo y organizarlo; su mayor inconveniente es que se encuentra desprovisto del contexto y por lo tanto de la explicación oral de los contenidos por parte del comunicante. No obstante, la lectura como estrategia de aprendizaje es un instrumento primordial para la adquisición y transmisión de conocimientos, ya que se establece una relación recíproca entre el lector y el texto.

Cuando la lectura es activa se comprende y se aprende y esto implica hacer un procesamiento de la información y emplear una serie de conocimientos, hipótesis y experiencias previas. Cuando leemos para aprender nuestra lectura suele ser lenta y repetida, es decir, hacemos una primera lectura exploratoria. El lector se interroga sobre lo que lee, establece relaciones con lo que ya sabe, revisa los términos, efectúa síntesis, subraya, elabora esquemas, etc.. Asociado a ello está el proceso interno de lectura, puesto que al leer cada uno de nosotros estamos dando al texto un significado propio. Estas estrategias aparecen integradas en el curso de la lectura: se dan previamente a ella, mientras leemos y después de leer.

Se distinguen 3 tipos de estrategias de lectura:

- Las que permiten dotarse de objetos concretos de lectura y aportar

conocimientos previos relevantes.

- Las que permiten establecer inferencias, revisar y comprobar la propia

comprensión mientras se lee.

- Las dirigidas a resumir, sintetizar y extender el conocimiento

adquirido mediante la lectura, establecer las ideas principales y

elaborar síntesis y resúmenes que transformen el conocimiento.

Cuando se trata de aprender es necesario añadir a las estrategias de lectura otras estrategias, como son las de escritura, las cuales son necesarias entre otras cosas para resumir.

Para intervenir sobre un texto es importante tener en cuenta la estructura y unas variables características que hacen que se puedan manipular y organizar el texto según nuestra conveniencia. Esta estructura nos da una información, la cual se podrá dar de maneras diferentes en función del texto. Nos orientará para recordar el tipo de texto de que se trata bien sea narrativo, descriptivo o explicativo. Desde esta perspectiva cabe puntualizar que el texto narrativo está asociado a una estructura regular (inicio, trama, final) y a una menor cantidad de información que los textos expositivos y por ello resultan más fácil de comprender y retener; en cambio, la estructura expositiva presenta una mayor dificultad para el lector debido a su gran variedad de información.

Es importante tener en cuenta la forma de presentación del texto, puesto que el autor nos está diciendo de este modo qué es lo que tenemos que esperar del texto. Por tanto, no sólo se comprende un texto por el hecho de disponer de conocimientos previos, sino porque éste se deja comprender, es decir, porque el texto posee una cierta estructura y sigue una cierta lógica. La mayoría de los textos que utilizamos habitualmente para estudiar son expositivos y presentan la siguiente estructura: título, sub-títulos y apartados, índices, resúmenes elaborados, cambios tipográficos y palabras clave. Los puntos y puntos y aparte quieren decir algo, nos dan información.

Todo lo anterior nos ayudará también si intentamos desarrollar otro tipo de estrategias que favorecen el aprendizaje mediante instrumentos que nos permiten una mejor organización de los contenidos de la información. Una de estas estrategias son los mapas conceptuales y se presentan como un instrumento educativo eficaz siempre que sean combinados con otros instrumentos, ya que no pueden nunca sustituirlos por completo.

Llamamos mapa conceptual a las representaciones que siguen unas ciertas normas: 1) ser representaciones esquemáticas de conceptos 2) organizados jerárquicamente 3) formando proposiciones 4) y estableciendo relaciones significativas entre ellos.

La construcción se inicia a partir de un sólo concepto clave, o bien a partir de un conjunto de ellos y se debe favorecer la inclusión de nuevos conceptos, ejemplos, relaciones cruzadas, etc.. Los conceptos se unen entre sí por medio de líneas o bien mediante flechas cuando las relaciones no son subordinadas; además deben ser flexibles. Las relaciones se representan por medio de líneas y palabras de enlace.

Los conceptos son las palabras que expresan las imágenes mentales que poseemos acerca de todo lo que nos rodea y nos sucede. Las diferentes ciencias se han encargado de ampliar el número y el significado de los conceptos que empleaban, dando como resultado una red conceptual consensuada y más o menos estructurada y jerarquizada. Sin embargo, hay algunas ciencias que no poseen una estructura jerarquizada absoluta, es el caso de las Ciencias Sociales ya que están muy condicionadas por las diferentes ideologías. Esto sin embargo no es un obstáculo, sino más bien al contrario ya que hay que conocer, recordar y relacionar los conceptos empleados, interpretar y comprender sus significados y lo más importante, reelaborar lo aprendido para obtener nuevos significados.

Otra de las ventajas de los mapas conceptuales son que permiten que su elaboración sea colectiva, además de que, dependiendo de la finalidad perseguida se pueden empezar a construir por diferentes puntos de partida.

Hay un instrumento que es muy similar y que incluso en ocasiones sustituye eficazmente a los mapas conceptuales, se trata de los diagramas de flujo. En éstas ocasiones las relaciones entre ellos deben ser explícitas, empleando palabras de enlace. La mayor diferencia es que generalmente expresan sucesiones de actividades y por ello predominan las flechas en lugar de las líneas.

En síntesis, si queremos aprender de los textos tendremos que implicarnos activamente y encontrar sentido a leer, por ello serán importantes todos los aspectos motivacionales, afectivos y psicológicos, así como entender el mensaje del autor a través del texto. Para facilitar la tarea podemos emplear instrumentos como los mapas conceptuales, los cuales resultan ser una interesante opción para la organización de los contenidos de la información.



Mª José González
Licenciada en Psicología
mjgonzalez@psicocentro.com

martes, 10 de agosto de 2010

PSICOLOGÍA DEL DEPORTE.

PSICOLOGÍA DEL DEPORTE.

Seguidamente se expone la definición e historia de la psicología del deporte:

1.2.1. DEFINICIÓN.

Según la Asociación Americana de Psicología A.P.A. (citado por García, S. 2000) “la Psicología del Deporte y de la actividad física es el estudio científico de los factores psicológicos que están asociados con la participación y el rendimiento en el deporte, el ejercicio y otros tipos de actividad física”.

Thomas (1980; citado por González, J. 1992) afirma que “la psicología del deporte investiga, como disciplina científica, las causas y los efectos de los procesos psíquicos que tienen lugar en el ser humano antes, durante y después de una actividad deportiva”.



1.2.2. HISTORIA.

El nacimiento de la psicología del deporte se debe a las aportaciones del ruso Peter Lesgaft, quien a principios de siglo hizo unas aportaciones fundamentales para su posterior desarrollo. Y a Peter Roudick, a quien se considera el padre de la psicología del deporte Rusa. Para 1921 el alemán Schulte publica “Cuerpo y alma en el deporte: una introducción a la psicología del ejercicio físico ” y en 1926, C. Griffith publica “Psicología del atletismo” a partir de lo cual sienta las bases del laboratorio de psicología aplicada al deporte. Es en 1965 cuando se celebra en Roma, gracias a F. Antonelli, el I Congreso Mundial de Psicología del Deporte y se crea la Sociedad Internacional de Psicología del Deporte. Para 1970 comienza a editarse, también en Roma, la publicación periódica del International Journal of Sport Psychology (Gonzàlez, J. 1992; García, S. 2000).

En los Juegos Olímpicos de 1976 los rusos ganaron más medallas de oro que cualquier otro país. Los logros atléticos de los equipos rusos y de Alemania Oriental hicieron sospechar del uso de fármacos prohibidos. Sin embargo, en Noviembre de ese año “Track and Fields News” publicó que las sesiones de entrenamiento mental eran utilizadas por los rusos (Garfield, Ch. 1987).





1.3 DEPORTE.

El deporte es una expresión de la capacidad lúdica y creativa del hombre. Su unión a las creencias religiosas, la danza y el teatro era común en las civilizaciones antiguas.

A continuación se expondrá su definición y clasificación:



1.3.1. DEFINICIÓN.

Permavieja, (1966; citado por Hernández, A. 1999) en una metódica descripción de las diferentes acepciones del término “deporte” a lo largo de la historia, encuentra la primera referencia en lengua provenzal y de ella se deriva a otras lenguas romances como el francés o el castellano.

Etimológicamente se utilizó para referirse a regocijo, diversión, recreo. La primera vez que aparece con este significado es en un poema de Guillermo de Poitiers. En español la forma verbal “deportar” aparece por primera vez en el poema del Mio-Cid (1140 d.c.) y con el significado de diversión con ejercicios físicos, es en el libro de “Los Milagros de Nuestra Señora” del escritor Gonzalo de Berceo (Siglo XVI).

Permavieja concluye que la primera acepción de la palabra deportes es la de “diversión en forma de ejercicios físicos”.

Según El Diccionario de los Deportes (Karag, A. Citado por González, J. 1992) el término hace referencia a todo ejercicio metódico de fuerza y destreza que tiende al desenvolvimiento general del individuo.

Parlebas (1986; citado por Hernández, A. 1999) lo define como el conjunto finito y enumerable de las situaciones motrices codificadas bajo la forma de competición e institucionalizada.




1.3.2 CLASIFICACIÓN DEL DEPORTE.

Hay varias formas de clasificar el deporte, sin embargo en este estudio nos limitaremos a las siguientes:

· Según las interrelaciones que se efectúan en la práctica deportiva (Riera, 1985; citado por Espinoza, M. 1997)

a. Deportes sin cooperación ni oposición: donde el rendimiento depende de la relación del deportista y los objetos con los que interactúa. Por ejemplo: Gimnasia, saltos y lanzamientos en atletismo, entre otros.

b. Deportes con cooperación sin oposición: en los que el rendimiento depende de las interacciones de deportistas, objetos y compañeros, resaltando la cooperación. Por ejemplo: Nado sincronizado, patinaje por parejas, etc.

c. Deportes sin cooperación y con oposición: la interacción existe entre deportistas, objetos y oponentes. Por ejemplo: Atletismo excepto relevos, boxeo, esgrima, judo, y otros.

d. Deportes de cooperación y oposición: en los cuales la interacción se da entre deportistas, objetos, compañeros y oponentes. Por ejemplo: Voleibol, relevos en atletismo, baloncesto, béisbol, entre otros.

· Según el lugar donde se practican (Ruiz, 1984; citado por De Matheus, B. 2000)

a. Deportes náuticos: se practican en ambientes acuáticos. Por ejemplo: Canotaje, vela, natación, etc.

b. Deportes de pista: se practican en forma de carreras de distancia. Por ejemplo: atletismo, ciclismo, entre otros.

c. Deportes de campo: son los practicados en canchas. Por ejemplo: baloncesto, béisbol, voleibol, y otros.

· Según los ámbitos de aplicación para el psicólogo del deporte (García, S. 2000):

a. Deporte de ocio, salud y tiempo libre: a esta categoría pertenecen los programas de ejercicios aeróbicos, y cualquier otra actividad deportiva de tipo casual y con fines prioritariamente de recreación, de salud, y buena forma física.

b. Deporte de base e iniciación: se refiere a la fase de inicio de la actividad físico-deportiva, especialmente en edades tempranas. Más que competitiva es una actividad lúdica y de desarrollo personal.

c. Deporte de rendimiento: tiene como meta la consecución de resultados óptimos en la competición deportiva. Se regula por una normativa y se enmarca en una institución, organización o entidad; e implica una práctica continuada, planificada y realizada dentro de márgenes de edad, en función de la modalidad deportiva practicada ya sea amateur o profesional.