viernes, 9 de septiembre de 2011

TRASTORNOS DE ANSIEDAD

TRASTORNOS DE ANSIEDAD
por Marilyn Dickey. Washington, DC

Todas las personas sabemos lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago antes de la primera cita, la tensión que se siente cuando el jefe está enojado, la forma en que el corazón late cuando se está en peligro, ... La ansiedad nos incita a actuar. Nos anima a enfrentarnos a una situación amenazadora. Nos hace estudiar más para un examen y nos mantiene alerta cuando estamos dando un discurso. En general, nos ayuda a enfrentarnos a las situaciones.

Pero si usted sufre de trastorno de ansiedad, esta emoción normalmente útil puede dar precisamente el resultado contrario: evitará que se enfrente a una situación y trastornará su vida diaria. Los trastornos de ansiedad no son sólo un caso de "nervios". Son enfermedades frecuentemente relacionadas con la estructura biológica y las experiencias de la vida de cada individuo y con frecuencia son hereditarias. Existen varios tipos de trastornos de ansiedad, cada uno con sus características propias.

Un trastorno de ansiedad puede hacer que usted se sienta ansioso casi todo el tiempo y sin ninguna causa aparente. O bien que las sensaciones de ansiedad puedan llegar a ser tan incómodas que, para evitarlas, hasta suspenda algunas de sus actividades cotidianas. O bien usted puede sufrir ataques ocasionales de ansiedad tan intensos que le aterroricen e inmovilicen.

Muchas personas confunden estos trastornos y piensan que los individuos deberían sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza de voluntad. El querer que los síntomas desaparezcan no da resultado, pero hay tratamientos que sí pueden ayudarle. Es por ello que éste artículo pretende servirle de ayuda para comprender estas situaciones y, describir los tratamientos a seguir.

Cómo recibir ayuda en los casos de trastornos de ansiedad
Si usted o alguna persona que usted conoce presenta síntomas de ansiedad, lo mejor que puede hacer inicialmente es visitar al médico de familia. Un médico puede ayudarle a determinar si los síntomas son debidos a un trastorno de ansiedad, a alguna otra condición médica o a ambos. Generalmente, el siguiente paso para recibir tratamiento en un trastorno de ansiedad es acudir a un profesional de salud mental.

Entre los profesionales que pueden ayudarle están los psiquiatras, los psicólogos, los trabajadores sociales y los consejeros. Sin embargo, lo mejor es buscar un profesional especializado en terapia cognitivo-conductual o en terapia de conductual y que esté dispuesto a usar medicamentos en caso de que sean necesarios.

Condiciones Coexistentes
Muchas personas padecen un sólo tipo de trastorno de ansiedad, pero no es raro que venga acompañado de otra enfermedad como por ejemplo depresión, problemas alimentarios, alcoholismo, abuso de substancias químicas u otro trastorno de ansiedad.

Frecuentemente, quienes padecen un trastorno de pánico o fobia social, por ejemplo, también experimentan la intensa tristeza y el desaliento asociado con la depresión, o se hacen adictos al alcohol. En esos casos, estos problemas también necesitarán atenderse.

A veces, los psicólogos, los trabajadores sociales y los consejeros trabajan unidos con un psiquiatra u otro médico, que será quien recete los medicamentos cuando éstos sean precisos. Para algunas personas la terapia de grupo o los grupos de auto-ayuda son una parte útil del tratamiento. A muchas personas les es más útil una combinación de estas terapias.

Cuando usted busque a un profesional de la salud es importante que pregunte qué tipos de terapia usa generalmente o si tiene medicamentos disponibles. Es importante que usted se sienta cómodo con la terapia. De no ser éste el caso, busque ayuda en otro profesional. Sin embargo, si usted ha estado tomando medicamentos, es importante no cortar abruptamente el uso de algunos de ellos, sino irlos rebajando bajo la supervisión de su médico. Asegúrese de preguntar a su médico cómo dejar de tomar un medicamento.

Recuerde, sin embargo, que cuando usted encuentre a un profesional de la salud con el cual se sienta satisfecho, ustedes dos estarán trabajando en equipo. Entre los dos podrán desarrollar el plan para el tratamiento de su trastorno de ansiedad (que podrá incluir medicamentos, terapia conductual o cognitivo-conductual), que consideren más apropiado. Sin embargo, los tratamientos para trastornos de ansiedad no necesariamente ofrecen un resultado inmediato. Su médico o terapeuta puede pedirle que siga un plan específico de tratamiento durante varias semanas para determinar si está ofreciendo resultados.

A continuación se ofrece información sobre los distintos trastornos de ansiedad: Trastorno de ansiedad generalizada, Trastorno por pánico (que a veces se presenta acompañado de agorafobia), Fobias específicas, Fobia social, Trastorno obsesivo-compulsivo y Trastorno de estrés postraumático.



Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

“Yo siempre pensé que era aprensivo. Me sentía inquieto y no podía descansar. A veces estas sensaciones iban y venían. Otras veces eran constantes. Podían durar días. Me preocupaba por la cena que iba a preparar para la fiesta o por cuál sería un buen regalo para alguien. Simplemente no podía dejar nada de lado”.

“Tenía serios problemas para dormir. Había ocasiones en las que me despertaba ansioso por la mañana o durante la noche. Me costaba trabajo concentrarme incluso mientras leía el periódico o una novela. A veces me sentía un poco mareado. Mi corazón latía apresuradamente o sentía que me golpeaba en el pecho. Esto me preocupaba aún más”.

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es mucho más que lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Sienten una preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parezca provocarlas. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de identificar. El simple hecho de pensar en pasar el día ya provoca ansiedad.

Las personas que padecen este trastorno parecen no poder deshacerse de sus inquietudes, aún cuando generalmente comprenden que su ansiedad es más intensa de lo que la situación requiere. Quienes lo padecen también parecen ser incapaces de relajarse. Frecuentemente les cuesta trabajo conciliar el sueño o permanecer dormidos. Sus preocupaciones van acompañadas de síntomas físicos, especialmente temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad, transpiración o accesos de calor. Pueden sentirse mareadas o que les falta el aire. Pueden sentir náuseas o que tienen que ir al baño frecuentemente. O pueden sentir como si tuvieran un nudo en la garganta.

Muchos individuos con TAG se sobresaltan con mayor facilidad que otras personas. Tienden a sentirse cansados, les cuesta trabajo concentrarse y, a veces, también sufren depresión.

La depresión frecuentemente acompaña a los trastornos de ansiedad y, cuando esto sucede, también debe atenderse. Los sentimientos de tristeza, apatía o desesperanza, los cambios en el apetito o en el sueño así como la dificultad en concentrarse, que frecuentemente caracterizan a la depresión, pueden ser tratados con efectividad con medicamentos antidepresivos o, dependiendo de la severidad del mal, con psicoterapia. Algunas personas responden mejor a una combinación de medicamentos y psicoterapia. El tratamiento puede ayudar a la mayoría de las personas que sufren de depresión.

Por lo general, el daño asociado con el Trastorno de Ansiedad generalizada es ligero y las personas que lo padecen no se sienten restringidas dentro del medio social o en el trabajo. A diferencia de muchos otros trastornos de ansiedad, las personas con TAG no evitan necesariamente algunas situaciones como resultado de su trastorno. Sin embargo, si éste trastorno es severo, puede ser muy debilitante, provocando dificultades para llevar a cabo hasta las actividades diarias más simples.

El Trastorno de ansiedad generalizada se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más común en las mujeres que en los hombres y con frecuencia se puede observar en algún otro familiar de la persona afectada. Se diagnostica este trastorno cuando la persona pasa cada día, durante al menos 6 meses, preocupándose excesivamente por varios problemas.

El padecer este trastorno implica anticipar siempre desastres, sentirse frecuentemente preocupado en exceso por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Las preocupaciones frecuentemente se presentan acompañadas de síntomas físicos tales como temblores, tensión muscular y náuseas. En general, los síntomas de TAG tienden a disminuir con la edad.

Un tratamiento acertado para el Trastorno de ansiedad generalizada puede incluir un medicamento llamado buspirone. Se están llevando a cabo investigaciones para confirmar la efectividad de medicamentos como las benzodiazepinas y los antidepresivos. También se han mostrado útiles para este trastorno las técnicas de terapia cognitivo-conductual, las técnicas de relajación y las de biofeedback (retroalimentación) de control de la tensión muscular.



Trastorno de Pánico
“Comenzó hace 10 años. Estaba sentada en la sala de un hotel durante un seminario y esa sensación salió de la nada. Sentí que me estaba muriendo”.

“Para mí, un ataque de pánico es casi una experiencia violenta. Siento que me estoy volviendo loca. Me hace sentir que estoy perdiendo el control en forma extrema. Mi corazón late con fuerza, todo parece irreal y hay una fuerte sensación de desastre inminente”.

“Entre un ataque y otro existe el temor y la ansiedad de que van a regresar. El tratar de escapar de esas sensaciones de pánico puede ser agotador”.

Los síntomas habituales de un ataque de pánico son:

·Palpitaciones
·Dolores en el pecho
·Mareos o vértigos
·Náuseas o problemas estomacales
·Sofocos o escalofríos
·Falta de aire o sensación de asfixia
·Hormigueo o entumecimiento
·Estremecimiento o temblores
·Sensación de irrealidad
·Terror
·Sensación de falta de control o de estar volviéndose loco
·Temor a morir
·Transpiración

Quienes padecen de trastornos de pánico experimentan sensaciones de terror que les llegan repentina y repetidamente sin previo aviso. No pueden anticipar cuando les va a ocurrir un ataque y muchas personas pueden manifestar ansiedad intensa entre ellos al preocuparse por el dónde y cuando pueden sufrir el siguiente. Entre tanto, existe la continua preocupación de que en cualquier momento se va a presentar otro ataque.

Cuando llega un ataque de pánico, lo más probable es que usted sufra palpitaciones y se sienta sudoroso, débil o mareado. Puede sentir cosquilleo en las manos o sentirlas entumecidas y posiblemente se sienta sofocado o con escalofríos. Puede experimentar dolor en el pecho o sensaciones de ahogo, sensaciones de irrealidad, miedo a que ocurra una desgracia o a perder el control. Realmente, usted puede creer que está sufriendo un ataque al corazón o una apoplejía, que está perdiendo la razón o que está al borde de la muerte.

Los ataques pueden ocurrir a cualquier hora, incluso durante la noche al estar dormido y aunque no se esté soñando. Generalmente, los ataques duran dos minutos aproximadamente, aunque en ocasiones pueden llegar a durar hasta 10 minutos. En casos extremos pueden durar una hora o más.

El trastorno de pánico ataca al menos al 1.6 por ciento de la población y es el doble de frecuente en las mujeres que en los hombres. Puede presentarse a cualquier edad, incluso en niños o en ancianos, aunque casi siempre suele comenzar cuando se es un adulto jóven.

No todos los que sufren ataques de pánico terminan teniendo trastornos de pánico; por ejemplo, muchas personas sufren un ataque y nunca más les vuelve a repetir. Sin embargo, es importante que aquellos que padezcan trastornos de pánico obtengan un tratamiento adecuado. Un trastorno así, si no se atiende, puede provocar invalidez.

El trastorno de pánico frecuentemente va acompañado de otros problemas tales como depresión o alcoholismo y puede engendrar fobias relacionadas con lugares o situaciones donde los ataques de pánico han ocurrido. Por ejemplo, si usted experimenta un ataque de pánico mientras usa un ascensor, es posible que llegue a sentir miedo de subir en ellos y, posiblemente, empezará a evitar su uso.

Las vidas de algunas personas han llegado a hacerse muy restringidas porque evitan actividades diarias normales como ir al mercado, conducir un vehículo o, en algunos casos, hasta salir de casa. O bien, pueden llegar a enfrentarse a alguna de estas situaciones que les causan miedo siempre y cuando vayan acompañadas de su cónyuge o de otra persona que les merezca confianza. Básicamente, evitan cualquier situación que temen que pueda hacerles sentir indefensas si les sobreviene un ataque de pánico. Cuando, como resultado de este trastorno, las vidas de las personas llegan a ser tan restringidas como sucede en casi una tercera parte de las personas que lo padecen, se le llama agorafobia. La tendencia a padecer trastornos de pánico y agorafobia suele ser hereditaria. Sin embargo, un tratamiento oportuno del trastorno de pánico puede frecuentemente detener el progreso hacia la agorafobia.

Se han hecho estudios que demuestran que un tratamiento adecuado, a través de un tipo de psicoterapia llamada terapia cognitivo-conductual, de ciertos medicamentos o posiblemente una combinación de ambos, ayuda del 70 al 90 por ciento de las personas con trastornos de pánico. Se puede apreciar una mejoría significativa entre 6 y 8 semanas después de iniciarse el tratamiento.

Uno de los métodos empleados en la terapia cognitivo-conductual consiste en enseñar al paciente a ver las situaciones de pánico de manera diferente y enseñarle varios modos de reducir la ansiedad, por ejemplo haciendo ejercicios de respiración o recurriendo a técnicas de focalización de la atención. Otra técnica que se usa en la terapia cognitivo-conductual es la llamada terapia de exposición y, frecuentemente, puede mitigar las fobias resultantes de un trastorno de pánico. En la terapia de exposición, se expone poco a poco a la persona a la situación temida hasta que llegan a hacerse insensibles a ella.

Algunas personas encuentran un mayor alivio de los síntomas del trastorno de pánico cuando toman ciertos medicamentos recetados por el médico. Esos medicamentos, al igual que la terapia cognitivo-conductual, pueden ayudar a prevenir ataques de pánico o a reducir su frecuencia y severidad. Los dos tipos de medicamentos que se ha comprobado que son seguros y efectivos en el tratamiento del trastorno de pánico son los antidepresivos y las benzodiazepinas.



Las Fobias
Las fobias suceden en distintas formas. Una fobia específica significa un miedo a algún objeto o situación determinada. Una fobia social es el miedo a colocarse en una situación sumamente vergonzosa en un medio social. Por último, la agorafobia, que frecuentemente acompaña al trastorno de pánico es el miedo que siente la persona de encontrarse en cualquier situación que pueda provocar un ataque de pánico o de la cual le sea difícil escapar si éste llegara a ocurrir.



Fobias específicas
“Tengo miedo a viajar en avión y, por lo tanto, ya no lo hago. Es una sensación horrible la que siento cuando se cierra la puerta del avión y me siento metido como en una trampa. Mi corazón late fuertemente y sudo la gota gorda. Si alguien comienza a hablarme me pongo tenso y me preocupo. Cuando el avión comienza a ascender no hace otra cosa que reforzar el miedo de no poder salir de ahí. Me imagino que estoy perdiendo el control, que mi mente danza como loca, que subo por las paredes pero, por supuesto, nunca lo hago. No me da miedo que el avión se estrelle o que nos toque un clima turbulento, es únicamente esa sensación de estar atrapado. Siempre que quiero cambiar de trabajo tengo que pensar ¿va a ser necesario viajar en avión?. Por el momento solamente voy a lugares a los que pueda ir conduciendo o en tren. Mis amigos siempre me dicen que, de todas maneras, no podría bajarme de un tren que va circulando a altas velocidades así que ¿por qué los trenes no me dan miedo?. Yo les contesto que éste no es un miedo racional”.

Muchas personas experimentan fobias específicas, miedos intensos e irracionales a ciertas cosas o situaciones; algunas de las fobias más comunes son las que se presentan hacia: perros, espacios cerrados, alturas, escaleras eléctricas, túneles, conducir por carretera, agua, volar y heridas que produzcan sangre.

Las fobias no son únicamente un miedo extremo, sino un miedo irracional. Usted puede esquiar en las montañas más altas con toda facilidad, pero siente pánico a subir a un 10º piso de un edificio de oficinas. Los adultos que padecen una fobia comprenden que sus miedos son irracionales pero, frecuentemente, el enfrentarse a los objetos o a las situaciones que las ocasionan o siquiera pensar en enfrentarse a ellos, ocasiona un ataque de pánico o una ansiedad severa.

Las fobias específicas atacan a más de una de cada diez personas. Nadie sabe exactamente qué las ocasiona aunque parece ser que son hereditarias y que son más comunes en las mujeres. Generalmente, las fobias aparecen por primera vez en la adolescencia o en la edad adulta. Comienzan repentinamente y tienden a ser más persistentes que las que se inician en la niñez; de las fobias de los adultos únicamente más o menos el 20 por ciento desaparecen solas. Cuando los niños presentan fobias específicas, por ejemplo, miedo a los animales, esos miedos por lo general desaparecen con el tiempo, aunque pueden extenderse a la edad adulta. Nadie sabe por qué persisten en algunas personas y desaparecen en otras.

Las personas con fobias no sienten la necesidad de recibir tratamiento, si les es fácil evitar lo que les causa miedo. Sin embargo, en ocasiones tendrán que tomar decisiones importantes en su carrera o en lo personal para evitar una situación que les produzca fobia.

Cuando las fobias interfieren con la vida de una persona, el tratamiento puede servir de ayuda. Un tratamiento efectivo generalmente implica un tipo de terapia de conocimiento cognoscitivo llamada desensibilización o terapia de exposición, en la cual los pacientes se han de exponer gradualmente a aquello que les asusta hasta que el miedo comienza a desaparecer. Tres cuartas partes de pacientes se benefician enormemente con este tratamiento. Los ejercicios de relajación y de respiración también contribuyen a reducir los síntomas de ansiedad.

Para las fobias específicas no existe hasta el momento un tratamiento comprobado a base de medicamentos, aunque en algunas ocasiones se puede recetar algún fármaco para ayudar a reducir los síntomas de ansiedad antes de que la persona se enfrente a una situación de fobia.



Fobia Social
“Yo no podía aceptar invitaciones ni ir a fiestas. Hubo una época en que ni siquiera podía ir a mis clases. En mi segundo año de facultad tuve que quedarme en casa durante todo un semestre.”

“Mi miedo podía presentarse en cualquier situación social. Sentía ansiedad aún antes de salir de casa e iba aumentando conforme me iba aproximando a mi clase, a la fiesta o adonde quisiera que fuera. Sentía el estómago descompuesto y casi creía tener gripe. Mi corazón latía fuertemente, las palmas de las manos se me llenaban de sudor y tenía la sensación de estar separada de mí misma y de todos los demás.”

“Cuando entraba a una sala llena de gente me ruborizaba y sentía que todos los ojos estaban puestos en mí. Me daba vergüenza quedarme en un rincón yo sola, pero no podía pensar en lo qué podría decirle a alguien. Me sentía tan torpe que me quería ir inmediatamente.”

La fobia social es un miedo intenso de llegar a sentirse humillado en situaciones sociales, especialmente de actuar de tal modo que se coloque uno en una situación vergonzosa frente a las demás personas. Frecuentemente es hereditaria y puede estar acompañada de depresión o de alcoholismo. La fobia social frecuentemente comienza alrededor del principio de la adolescencia o incluso antes.

Si usted sufre de fobia social seguramente tiene la idea de que las otras personas son muy competentes en público y que usted no lo es. Pequeños errores que usted cometa pueden parecerle mucho más exagerados de lo que en realidad son. Puede parecerle muy vergonzoso ruborizarse y siente que todas las personas le están mirando. Puede tener miedo de estar con personas que no sean las más allegadas a usted. O su miedo puede ser más específico, como el sentir ansiedad si tiene que dar un discurso, hablar con un jefe o alguna otra persona con autoridad, o bien aceptar una invitación. La fobia social más común es el miedo a hablar en público. En ocasiones, la fobia social implica un miedo general a situaciones sociales tales como fiestas. Menos frecuente es el miedo de usar un baño público, comer fuera de casa, hablar por teléfono o escribir en presencia de otras personas.



Tratamiento para Trastornos de Ansiedad
Muchas personas con trastornos de ansiedad pueden ayudarse con un tratamiento. La terapia para trastornos de ansiedad frecuentemente incluye medicamentos o formas específicas de psicoterapia.

Los medicamentos, aunque no los curan, pueden ser muy efectivos para mitigar los síntomas de ansiedad. En la actualidad, gracias a las investigaciones, existen más medicamentos disponibles que antes para el tratamiento de los trastornos de ansiedad. De tal manera que si un medicamento no da el resultado buscado, generalmente hay otros que se pueden probar. Además, se están descubriendo nuevos medicamentos para el tratamiento de los síntomas de ansiedad.

En casi todos los medicamentos que se recetan para el tratamiento de ansiedad, el médico generalmente inicia al paciente con una dosis baja y gradualmente se la aumenta hasta llegar a la dosis adecuada. Cada medicamento tiene unos efectos secundarios, pero éstos por lo general se llegan a tolerar o disminuirán con el tiempo. Si los efectos secundarios llegan a ser un problema, el doctor puede aconsejar al paciente que deje de tomar el medicamento y que espere una semana, o más tiempo en el caso de ciertas drogas, antes de probar uno nuevo. Cuando el tratamiento está próximo a finalizar, el doctor puede ir disminuyendo las dosis gradualmente.

Las investigaciones también han demostrado que la terapia conductual y la terapia cognitivo-conductual pueden ser efectivas para el tratamiento de varios trastornos de ansiedad.

La terapia conductual se centra en el cambio de acciones específicas y usa varias técnicas para disminuir o detener un comportamiento indeseable. Por ejemplo, una de las técnicas consiste en entrenar al paciente en respiración diafragmática, un ejercicio especial de respiración que consiste en efectuar respiraciones lentas y profundas con la finalidad de reducir la ansiedad. Esto es necesario porque las personas que padecen ansiedad frecuentemente sufren de hiperventilación, es decir, respiran muy rápidamente cortas cantidades de aire, lo cual puede provocar latidos rápidos del corazón, mareos y otros síntomas desagradables. Otra de las técnicas es la terapia de exposición, la cual consiste en la exposición gradual del paciente a aquello que le asusta, lo cual le ayudará a vencer sus miedos.

Al igual que la terapia conductual, la terapia cognitivo-conductual enseña a los pacientes a reaccionar de forma diferente ante las situaciones y las sensaciones corporales que desatan los ataques de pánico y otros síntomas de ansiedad. Además, los pacientes también aprenden a comprender la forma en que su manera de pensar contribuye a sus síntomas y cómo cambiar sus pensamientos para disminuir la posibilidad de que los síntomas ocurran. Este entendimiento de los patrones de pensamiento se combina con la técnica de exposición y con otras terapias de comportamiento para ayudar a las personas a enfrentarse a las situaciones que les causan miedo. Por ejemplo, alguien que se siente mareado durante un ataque de pánico y teme que se va a morir puede recibir ayuda con la siguiente técnica que se usa en la terapia cognitivo-conductual: el terapeuta le pide al paciente que dé vueltas en un mismo lugar hasta que se maree. Cuando el paciente se alarme y comience a pensar: "me voy a morir", aprenderá a reemplazar ese pensamiento por otro más apropiado como "no es más que un pequeño mareo; yo puedo controlarlo".

Aunque este trastorno se confunde frecuentemente con la timidez, no es lo mismo. Las personas tímidas pueden sentirse muy incómodas cuando están con otras personas, pero no experimentan una extrema ansiedad al anticipar una situación social y no necesariamente evitan circunstancias que las haga sentirse cohibidas. En cambio, las personas con una fobia social no necesariamente son tímidas. Pueden sentirse totalmente cómodas con otras personas la mayor parte del tiempo pero en situaciones especiales, como caminar por un pasillo con personas a los lados o al dar un discurso, pueden sentir una ansiedad muy intensa.

La fobia social trastorna la vida normal, interfiriendo con los estudios, el trabajo o con una relación social. Por ejemplo: un trabajador puede dejar de aceptar un ascenso en su trabajo por no poder hacer presentaciones en público.

Los fóbicos sociales comprenden que sus sensaciones son irracionales. Sin embargo, experimentan una gran aprensión antes de enfrentarse a la situación que temen y harán todo lo posible para evitarla. Aún cuando puedan enfrentarse a lo que temen, generalmente sienten una gran ansiedad anticipatoria y se muestran muy incómodas durante ese tiempo. El miedo a un evento social puede comenzar semanas antes y los síntomas pueden ser muy agotadores. Posteriormente, las sensaciones desagradables pueden continuar con la preocupación de haber sido juzgados o con lo que los demás hayan pensado u observado respecto a ellos.

Aproximadamente el 80 por ciento de las personas que sufren de fobia social encuentran alivio en sus síntomas cuando reciben un tratamiento de terapia cognitivo-conductual, un tratamiento farmacológico, o una combinación de ambos. Esta terapia puede hacer que el sujeto aprenda a ver los eventos sociales de forma diferente; esto se logra haciendo que se exponga a una situación social aparentemente amenazadora de tal manera que le sea más fácil enfrentarse a ella; además, se le enseñan habilidades sociales, así como técnicas para reducir la ansiedad y técnicas de relajación.

Entre los medicamentos que se han mostrado efectivos están los antidepresivos llamados IMAO. De forma más específica, para las personas que padecen de una forma específica de fobia social llamada fobia de actuación les resulta muy útil la ayuda de unos fármacos denominados beta-bloqueantes, los cuales serán de utilidad para momentos puntuales. Por ejemplo, se le pueden recetar a músicos y artistas con éste tipo de ansiedad para que los tomen el día de la actuación.



Trastorno obsesivo-compulsivo
“No podía hacer nada sin un ritual. Estos rituales trascendían a todos los aspectos de mi vida. Para mí, era muy importante contar. Por la noche, cuando me ponía el despertador, tenía que hacerlo en un número que no sumara un "mal" número. Si mi hermana tenía 33 años y yo 24, no podía dejar la televisión en el canal 33 o en el 24. Me echaba champú tres veces en lugar de una porque tres era un número de suerte y uno no lo era. Me demoraba mucho al leer porque contaba las líneas de cada párrafo. Si estaba escribiendo una tarea para mi examen en la escuela no podía tener cierto número de palabras en una línea si sumaban un mal número. Siempre estaba preocupada pensando que si no hacía cierta cosa mis padres iban a morir. O me afligía hacer algo que causara daño a mis padres lo cual era totalmente irracional. No podía usar nada que dijera Boston porque mis padres eran de ahí. No podía escribir la palabra "muerte" porque me preocupaba que algo malo sucediera”.

“Vestirme por las mañanas era muy complicado, porque yo tenía una rutina y si me desviaba de ella, tenía que comenzar de nuevo a vestirme. Yo sabía que esos rituales no tenían sentido pero no parecía que pudiera superarlos hasta que me sometí a terapia”.

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un trastorno caracterizado por la presencia de pensamientos o rituales de ansiedad que la persona siente que no puede controlar. Si usted padece de TOC puede estar plagado de pensamientos o imágenes persistentes indeseables o por la necesidad urgente de efectuar ciertos rituales.

Usted puede estar obsesionado con los gérmenes o la suciedad y en ese caso se lava las manos una y otra vez. Puede estar lleno de dudas y sentir la necesidad de reconfirmar las cosas repetidamente. Puede estar preocupado por pensamientos de violencia y teme hacer daño a las personas que están cerca de usted. Puede pasar largos períodos de tiempo tocando las cosas o contando; puede estar preocupado por el orden y la simetría; puede tener pensamientos persistentes de llevar a cabo actos sexuales que le son repugnantes; o puede afligirle tener pensamientos que van contra su religión.

Los pensamientos o las imágenes preocupantes se llaman obsesiones y los rituales que se celebran para tratar de prevenirlas o disiparlas se llaman compulsiones. No es agradable efectuar estos ritos que se siente obligado a hacer; únicamente siente un descanso temporal de la incomodidad causada por la obsesión.

Muchas personas pueden admitir que tienen algunos de estos síntomas de TOC, tales como revisar la estufa varias veces antes de salir de la casa. Sin embargo, se diagnostica el trastorno únicamente cuando dichas actividades consumen cuando menos una hora al día, son muy angustiosas o interfieren con la vida diaria.

Muchos adultos con este problema de salud reconocen que lo que están haciendo no tiene sentido pero no pueden evitarlo. Sin embargo, muchas personas, especialmente niños con TOC, pueden no comprender que su comportamiento esté fuera de lo normal.

El trastorno obsesivo-compulsivo afecta a hombres y a mujeres aproximadamente en igual número y lo padecen más o menos 1 de cada 50 personas. Puede aparecer en la niñez, en la adolescencia o en la edad madura pero como promedio se detecta en los jóvenes o en los adultos jóvenes. Un tercio de los adultos con TOC experimentaron sus primeros síntomas en la niñez. El curso que sigue la enfermedad es variable; los síntomas pueden ir y venir, mitigarse por un tiempo o empeorar progresivamente. La evidencia de que se dispone sugiere que el TOC puede ser hereditario.

La depresión u otros trastornos de ansiedad pueden acompañar al TOC. Además, algunas personas con TOC sufren también trastornos alimentarios. También pueden evitar las situaciones en las cuales tengan que enfrentarse a sus obsesiones. O pueden tratar, sin éxito, de usar alcohol o drogas para calmarse. Si el TOC se agrava seriamente puede interponerse entre una persona y su empleo o evitar que esa persona asuma responsabilidades normales en su casa, pero por lo general no llega a esos extremos.

La investigación de los científicos ha dado como resultado la obtención de medicamentos y tratamientos conductuales que pueden beneficiar a las personas con TOC. Una combinación de los dos tratamientos casi siempre ayuda a la mayoría de los pacientes. Dos medicamentos que han probado ser efectivos en el tratamiento del TOC son la clomipramina y el fluoxetin. Además, hay algunos otros en proceso de pruebas que parecen ser prometedores y que podrán obtenerse en un futuro cercano.

La terapia conductual y, específicamente una de sus técnicas llamada exposición con prevención de respuesta, ha demostrado buenos resultados en el tratamiento del TOC. Esta técnica consiste en exponer a la persona a lo que le causa el problema y luego ayudarle a dejar a un lado el ritual acostumbrado; por ejemplo, hacer que el paciente toque algo sucio y después no se lave las manos. Esta terapia frecuentemente tiene éxito en pacientes que completan un programa de terapia conductual, aunque los resultados han sido menos favorables en algunas personas que padecen TOC y depresión al mismo tiempo.



Trastorno de estrés postraumático (TPT)
“Fui violada cuando tenía 25 años. Durante mucho tiempo hablé de esa violación a un nivel intelectual, como si fuera algo que le hubiera pasado a otra persona. Yo sabía muy bien que me había pasado a mí, pero sencillamente no me producía ninguna sensación. Por un tiempo me quité el bulto de encima”.

“Empecé a tener recuerdos retrospectivos. Me llegaban como un golpe de agua. Estaba aterrorizada. Repentinamente comencé a revivir la violación. Cada momento era sobrecogedor. Sentía que mi cabeza se movía un poco, sacudiéndose, pero no era verdad. Me sofocaba o se me secaba la boca y mi respiración cambiaba. Me notaba como flotando. No sentía el cojín sobre el cual estaba sentada ni mi mano sobre el brazo del sillón. Parecía estar dentro de una burbuja, como si flotara. Sentía mucho miedo. Tener esos recuerdos retrospectivos me causaba opresión. Me dejaban agotada.

“La violación tuvo lugar una semana antes de Navidad. Cuando se acercan esas fechas siento me siento como un hombre lobo. Se produce en mí un cambio hacia la ansiedad y el miedo que siento es increíble“.

El trastorno de estrés postraumático (TPT) es un estado debilitante que sucede tras un suceso traumático, de terror. Frecuentemente, las personas que lo padecen tienen persistentemente recuerdos y pensamientos espantosos de esa experiencia y se sienten emocionalmente paralizadas, especialmente hacia aquellas personas que hasta entonces habían estado cerca de ella. El TPT, conocido antes como sobresalto por proyectil o fatiga de batalla, puesto que fue observada y estudiada por primera vez en los veteranos de guerra, aunque puede ser el resultado de otros muchos incidentes traumáticos. Entre ellos se incluyen el rapto, los accidentes graves como choques de automóviles o de trenes, desastres naturales como inundaciones o temblores, ataques violentos tales como asaltos, violaciones o tortura, o ser plagiado. El evento que desata este trastorno puede ser algo que amenace la vida de esa persona o la de alguien cercano a ella. Incluso puede ser algo que vio, como por ejemplo la destrucción provocada tras la caída de un avión.

Cualquiera que sea la razón del problema, algunas personas con TPT repetidamente vuelven a vivir el trauma en forma de pesadillas y recuerdos inquietantes durante el día. Pueden también experimentar problemas de sueño, depresión, sensación de indiferencia o de entumecimiento o se sobresaltan fácilmente. Pueden perder el interés en cosas que antes les causaban alegría y les cuesta trabajo sentir afecto. Es posible que se sientan irritables, más agresivas que antes o incluso violentas.

El ver cosas que les recuerden el incidente puede ser muy molesto para ellos, lo cual lo que podría hacerles evitar ciertos lugares o situaciones que les traigan a la mente esos recuerdos. Los aniversarios del hecho traumático suelen ser días muy difíciles de superar.

El TPT puede presentarse a cualquier edad, incluyendo la niñez. El trastorno puede venir acompañado de depresión, de abuso de substancias químicas o de ansiedad. Los síntomas pueden ser ligeros o graves; las personas pueden irritarse fácilmente o tener violentos arranques de cólera o de mal humor. En casos severos, los afectados pueden tener dificultad para trabajar o para llevar una vida social. En general, los síntomas pueden ser peores si el evento que los ocasionó fue obra de una persona (p. ej.: una violación), en lugar de ser un desastre natural (p. ej.: una inundación.).

Los eventos ordinarios pueden traer el trauma a la mente e iniciar recuerdos retrospectivos o imágenes intrusas. Un recuerdo retrospectivo puede hacer que la persona pierda contacto con la realidad y vuelva a vivir el evento durante un período de unos segundos, unas horas o, muy raramente, unos días. Los recuerdos retrospectivos se pueden presentar en forma de imágenes, sonidos, olores o sensaciones y esto hará que, generalmente, la persona crea que el evento traumático está volviendo a repetirse.

No todas las personas traumatizadas sufren un verdadero caso de TPT y otras no lo experimentan en absoluto. Se diagnostica trastorno de estrés postraumático únicamente si los síntomas duran más de un mes. Las personas que lo padecen generalmente comienzan a presentar los síntomas tres meses después del trauma y el curso de la enfermedad varía. Hay quienes se recuperan dentro de los siguientes 6 meses; a otros, los síntomas les duran mucho más tiempo. En algunos casos, la condición puede ser crónica. Ocasionalmente, la enfermedad no se detecta sino hasta varios años después del suceso traumático.

Los medicamentos antidepresivos y los que se recetan para aminorar la ansiedad, pueden disminuir los síntomas de la depresión y los problemas de sueño; y la psicoterapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual, debe formar parte del tratamiento. En ocasiones, y como parte de la terapia, puede ayudar el exponerse a los recuerdos del trauma como parte de la terapia, por ejemplo, regresar a la escena de una violación. Por último, el apoyo de los familiares y amigos es muy importante, puesto que puede agilizar la recuperación.



Cómo recibir ayuda en los casos de trastornos de ansiedad
Si usted o alguna persona que usted conoce presenta síntomas de ansiedad, lo mejor que puede hacer inicialmente es visitar al médico de familia. Un médico puede ayudarle a determinar si los síntomas son debidos a un trastorno de ansiedad, a alguna otra condición médica o a ambos. Generalmente, el siguiente paso para recibir tratamiento en un trastorno de ansiedad es acudir a un profesional de salud mental.

Entre los profesionales que pueden ayudarle están los psiquiatras, los psicólogos, los trabajadores sociales y los consejeros. Sin embargo, lo mejor es buscar un profesional especializado en terapia cognitivo-conductual o en terapia de conductual y que esté dispuesto a usar medicamentos en caso de que sean necesarios.



Condiciones Coexistentes
Muchas personas padecen un sólo tipo de trastorno de ansiedad, pero no es raro que venga acompañado de otra enfermedad como por ejemplo depresión, problemas alimentarios, alcoholismo, abuso de substancias químicas u otro trastorno de ansiedad.

Frecuentemente, quienes padecen un trastorno de pánico o fobia social, por ejemplo, también experimentan la intensa tristeza y el desaliento asociado con la depresión, o se hacen adictos al alcohol. En esos casos, estos problemas también necesitarán atenderse.

A veces, los psicólogos, los trabajadores sociales y los consejeros trabajan unidos con un psiquiatra u otro médico, que será quien recete los medicamentos cuando éstos sean precisos. Para algunas personas la terapia de grupo o los grupos de auto-ayuda son una parte útil del tratamiento. A muchas personas les es más útil una combinación de estas terapias.

Cuando usted busque a un profesional de la salud es importante que pregunte qué tipos de terapia usa generalmente o si tiene medicamentos disponibles. Es importante que usted se sienta cómodo con la terapia. De no ser éste el caso, busque ayuda en otro profesional. Sin embargo, si usted ha estado tomando medicamentos, es importante no cortar abruptamente el uso de algunos de ellos, sino irlos rebajando bajo la supervisión de su médico. Asegúrese de preguntar a su médico cómo dejar de tomar un medicamento.

Recuerde, sin embargo, que cuando usted encuentre a un profesional de la salud con el cual se sienta satisfecho, ustedes dos estarán trabajando en equipo. Entre los dos podrán desarrollar el plan para el tratamiento de su trastorno de ansiedad (que podrá incluir medicamentos, terapia conductual o cognitivo-conductual), que consideren más apropiado. Sin embargo, los tratamientos para trastornos de ansiedad no necesariamente ofrecen un resultado inmediato. Su médico o terapeuta puede pedirle que siga un plan específico de tratamiento durante varias semanas para determinar si está ofreciendo resultados.




El NIMH continúa su búsqueda de nuevos y mejores tratamientos para las personas con trastornos de ansiedad. El Instituto apoya un programa muy amplio y multifacético sobre trastornos de ansiedad; sus causas, diagnóstico, tratamiento y prevención. Esta investigación involucra estudios de trastornos de ansiedad en los humanos así como investigaciones de la base biológica sobre ansiedad y sus fenómenos, en los animales. Es parte de un esfuerzo masivo para vencer a los más grandes trastornos mentales; es un esfuerzo que se está llevando a cabo durante la década de los 90 que el Congreso ha designado como la Década del Cerebro.

Mensaje del "National Institute of Mental Health"
La investigación llevada a cabo y apoyada por el "National Institute of Mental Health" ofrece esperanza a millones de personas que sufren de enfermedades mentales así como a sus familiares y amigos. A través de muchos años de trabajo con animales y con personas, los investigadores nos han permitido comprender mejor las funciones del cerebro y han expandido considerablemente la capacidad de los profesionales de la salud mental para diagnosticar, dar tratamiento y prevenir los trastornos mentales y del cerebro.

El "National Institute of Mental Health" es parte de los "National Institutes of Health" (NIH), la principal agencia del gobierno federal para investigación biomédica y de comportamiento humano. El NIH es parte del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos.

Este folleto fue escrito por Marilyn Dickey, escritora independiente en Washington, DC.

Todo el material en esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso del Instituto; se agradecería que se mencionara como fuente de información.

Para más información respecto a NIMH y sus programas, por favor envíe un e-mail a nimhinfo@nih.gov



Marilyn Dickey
Colaboradora del NIMH


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viernes, 26 de agosto de 2011

CARACTERÍSTICAS PSICOSOCIALES DEL ADOLESCENTE PARASUICIDA

CARACTERÍSTICAS PSICOSOCIALES DEL ADOLESCENTE PARASUICIDA
por Ana María Castañeda Chang. Psicóloga del Instituto de Salud del Niño Lima-Perú.



ABSTRACT
Se estudian 48 casos de intento de suicidio reportadas en el Instituto de Salud del Niño de Lima durante un periodo comprendido de 1996 a 1999. Se encuentra que el 88% corresponde a Sexo Femenino y el 12% a sexo Masculino. Las Edades de mayor frecuencia se encuentra en el rango de 14 a 17 años lo que representaba un 69% de los casos registrados. En su mayoría (56%) el origen del intento de suicidio fue discusiones con las figuras primarias de apoyo o problemas en el grupo familiar, seguido de un 13% que contaban con un antecedente de Abuso Sexual. De todos los casos revisados sólo el 4% (2 casos) fallecieron al ingerir soda cáustica, ambos de sexo masculino. Solo se encontró un caso de una menor de 7 años (2%) con intención de suicidio.

Encontramos que la problemática familiar, aunado a la crisis social y económica se configuran en situaciones de extrema tensión que dificultad los canales de comunicación adecuados y al carecer los adolescentes de un afronte más adecuado toman la opción de suicidio como una forma de encarar las dificultades del medio ambiente.








INTRODUCCIÓN
En la actualidad los trastornos de ánimo de niños y adolescentes se hace cada vez más evidente, las manifestaciones que antes se presentaban de forma esporádica, cada vez más se presentan, dejando a la luz un problema que es necesario abordar. ¿Qué es lo que puede ocasionar que un niño o un adolescente quiera acabar con su vida?, ¿ Es que acaso son más los problemas que tienen que afrontar? ¿O es acaso que los adolescentes tienen menos recursos para afrontar las dificultades que antes se manejaban.?

Durante el periodo comprendido de 1996 a 1999 se registraron en el Instituto de Salud del Niño 48 casos de intento de suicidio en el Módulo de Atención al Maltratado en Salud MAMIS, en su mayoría eran del sexo femenino y la edad mayoritaria se encontraba entre los 14 y 17 años de edad. Contrariamente a lo que se piensa, el Intento de suicidio no se presentaba como resultado de una situación de Abuso o Maltrato, ni de Maltrato Infantil o Violencia Familiar, se presentaba luego de discusiones con alguna persona significativa del grupo primario de apoyo (Familia).




DEFINICIONES NECESARIAS
Los términos suicidio y suicida se emplean para referirse a conductas “elegidas” que tienen como meta provocar la muerte propia a corto plazo (Saldaña 2001). Sin embargo muchas veces estos comportamientos no han sido provocados con la finalidad de morir, sino como una expresión de cólera rabia , frustración. Por este motivo es que actualmente se han realizado definiciones más exactas al estudio de los comportamientos suicidas, así tenemos (Saldaña 2001):

a) Ideaciones Suicidas: se estudian distintos procesos cognitivos y afectivos que varían desde sentimientos sobre la falta de sentido del oficio de vivir, la elaboración de planes para quitarse la vida, hasta la existencia de preocupaciones sistemáticas y delirantes referidas a la autodestrucción.

b) Parasuicidas: comprende conductas variadas que incluyen desde gestos e intentos manipuladores hasta intentos fallidos de terminar con la propia vida. Se hace referencia a actos deliberados que no tienen un final fatal pero que provocan daños en el propio sujeto que las ejecuta, dichos actos deben ser poco habituales.

c) Suicidios: incluyen todas las muertes que son resultado directo o indirecto de comportamientos ejecutados por la propia víctima, la que es consciente de la meta para lograr.



El 11% de las muertes entre los 15 y los 19 años por cada 100,000 habitantes son causadas por actos suicidas, es la tercera causa de mortalidad en orden de frecuencia en este grupo etáreo. Las muertes por homicidio constituyen el 11,7 por cada 100,000 habitantes (Casullo 1998).

Según los estudios de Berman y Jobes (1991) los adolescentes varones cometen actos suicidas en una proporción cuatro veces mayor que las mujeres (18% y 4% respectivamente) en tanto que éstas intentan suicidarse sin lograrlo en una proporción más frecuente que los varones.

Si esto se presenta en estos porcentajes, es necesario mencionar, que el suicidio consumado es alrededor de cinco veces más frecuente para los adolescentes varones que para las adolescentes mujeres. Una razón probable es la estrecha brecha entre suicidio consumado y conducta agresiva. (Shaffer 1999)

Por otra parte la mayor parte de los países en los que las tasas de suicidio para los sexos masculino y femenino son similares, pertenecen al tercer mundo, donde el tratamiento es menos accesible, fundamentalmente por el poco desarrollo de habilidades de respuesta en situaciones de tensión extrema. (Hicks 1999)

Los factores de riesgo asociados a la conducta suicida serían:

- Desequilibrio de neurotransmisores

- Trastornos emocionales

- Pobres habilidades para resolver problemas

- Violaciones agresivas y sexuales

- Trastornos de la identidad sexual

- Trastornos psiquiátricos

- Adicción a drogas

- Acceso a Medicamentos

- Dificultades en el grupo familiar

- Divorcio o separación de los padres




CARACTERÍSTICAS FAMILIARES
Existen numerosos conflictos familiares en particular separaciones (30% de los casos frente al 6% en la población en general), con ausencia frecuente del padre o de toda figura de autoridad paterna. Este factor interviene más cuanto más precoz es la separación. Los antecedentes de desplazamiento y de desajustes recientes son frecuentes. Los antecedentes familiares patológicos parecen bastante frecuentes (suicidios, enfermedad mental). Por el contrario , el nivel socioprofesional de los padres no parece jugar un papel estadísticamente significativo, al igual que la presencia o ausencia de las madres en el hogar, además la incidencia del trabajo de la madre en el exterior no parece significativo (Ajuriaguerra, 1999).

Ladame (1981) estudia las interacciones del adolescente suicida con su entorno y encuentra tres series de hechos que hay que considerar:

a) En estas familias el adolescente suele ser el centro , sirviendo muchas veces como el receptor de las frustraciones de los padres. La relación entre padre y adolescente no tiene empatía comprensiva, sino por el contrario es agresiva, generándose así el primer fracaso en el proceso de separación individuación. El adolescente con su gesto suicida llama a la ayuda colectiva.

b) La barrera entre las generaciones es a menudo confusa en las familias. Existen coaliciones entre los miembros de distintas generaciones, cuya triangularización en el problema de miembros de otras generaciones, genera una situación de tensión difícil de manejar ocasionando la huida del adolescente frente a esta situación.

c) El los periodos presuicidas el adolescente hace frente a situaciones de tensión que hacen explosión, ante una situación mínima inmanejable, siendo esta última solamente una parte más del eslabón dentro de la cadena de situaciones inmanejables.




SIGNIFICADO PSICOLÓGICO GENERAL DEL SUICIDIO
Cuando hablamos de significado psicológico , queremos advertir cual es la causa o el para que realiza el adolescente el acto suicida. Baechler (Ajuriaguerra 1999) ha descrito varios sentidos posibles:

a) la huída: es el "hecho de escapar" a través del atentado contra su vida, de una situación experimentada como insoportable por el individuo.

b) el duelo: es el "hecho de atentar contra su vida después de la perdida de un elemento actual de la personalidad o plan de vida".

c) el castigo: es "el hecho de atentar contra su vida para expiar una falta real o imaginaria".

d) la venganza: es "el hecho de atentar contra su vida para provocar remordimiento de otro o para inflingirle el oprobio de la comunidad".

e) la llamada y el chantaje: es "el hecho de atentar contra su vida para hacer presión sobre otro".

f) el sacrificio y el paso: es "el hecho de atentar contra su vida para conseguir un valor o un estado juzgado superior".

g) el juego: es el "hecho de arriesgar su vida para probarse a sí mismo".



En los adolescentes es común que se presenten los comportamientos de huída frente a los fracasos y la llamada o chantaje.

martes, 9 de agosto de 2011

Bienestar psicológico de los adolescentes en función de la estructura familiar

Bienestar psicológico de los adolescentes en función de la estructura familiar
por Nelson Valdés Sánchez

Un divorcio es siempre percibido como una situación traumática tanto para la pareja que da por terminada su relación física y afectiva, como para los hijos que experimentan la pérdida significativa de la estabilidad familiar de diversas maneras. Y se ha observado que cuando el divorcio se da en malos términos sin proteger a los hijos del conflicto producido, se genera una desorganización familiar. De hecho hay padres que llegan a utilizar a los hijos para sacar alguna ventaja del conflicto, o bien, tienden a desligarse de sus responsabilidades y tareas parentales en la crianza de los hijos. Sin embargo, cuando el divorcio se vive como una etapa más del ciclo vital, se tiende a proteger a los hijos aún cuando se experimenta dolor por la pérdida.

La desintegración familiar ha aumentado significativamente en los últimos años, lo que ha motivado a los investigadores a determinar de qué manera la experiencia de divorcio durante la infancia está relacionada con la salud subjetiva y conductual durante la adolescencia. Breidablik & Meland (1999) encontraron diferencias significativas en relación a un grupo de adolescentes miembros de familias con padres divorciados, en los que se presentaban quejas físicas y emocionales, menor bienestar psicológico, un desempeño menos eficiente, así como una mayor presencia de conductas de riesgo como el hábito de fumar. Concluyeron que la experiencia de divorcio para los hijos durante la infancia representa un evento estresante significativo con consecuencias en la salud mental durante la adolescencia. Y que dichas consecuencias deben ser consideradas al momento de planificar programas de prevención para este tipo de población. Eso sin mencionar que existen etapas y tareas durante el desarrollo psicosocial normal de los adolescentes, que se ven afectadas por el divorcio de los padres (Steinman & Petersen, 2001).

En el presente ensayo vamos a centrarnos específicamente en las reacciones emocionales de los adolescentes, ya que los dos casos atendidos en el Centro Psicológico (CEPUC) provienen de familias con padres separados, lo que de alguna forma ha influido en su proceso de individuación. En el caso de Jorge (22 años) la separación de sus padres se dio en buenos términos, no así en el caso de María (21 años) donde la separación se llevó a cabo en un ambiente poco favorable, presentando síntomas depresivos desde hace más de dos años. Uno de los motivos que trajo a María a la consulta fue justamente la pena que aún le produce la ausencia del padre en el hogar y la responsabilidad que siente con todos los miembros de la familia por ser la hermana mayor. Así como también el hecho de ser utilizada por ambos padres para comunicarse mensajes de un lado para otro desde la separación, situación que le es muy incómoda y que enfrenta sola ante la indiferencia de sus hermanos.

Como veremos a lo largo de este ensayo, son muchos los factores que aumentan la vulnerabilidad de los adolescentes para presentar problemas físicos y psicológicos después del divorcio de los padres: la ausencia del padre, conflicto entre los padres, problemas económicos, estresores de la vida diaria, adaptación de los padres y la duración de la crisis. (todos ellos presentes en el caso de Maria, mas no en el de Jorge). Thompson (1998) analizó los problemas sociales y clínicos en un grupo de adolescentes con padres divorciados utilizando el enfoque sistémico, con el propósito de explicar dicha vulnerabilidad e identificar las intervenciones más apropiadas para promover la salud mental en esta población. Entre otras medidas recomienda la mediación durante las distintas etapas del divorcio, las remisiones tempranas y la terapia entre hermanos (sibling therapy), así como la implementación de programas en los centros educativos con el objetivo de identificar a aquellos estudiantes que requieran de este apoyo. Coincidiendo con Emery & Laumann-Billings (1998) en la necesidad de asistir a estos jóvenes y a sus familias durante las distintas etapas de transición.

Spruijt & Goede (1997) decidieron realizar una investigación para estudiar los efectos del divorcio en la dinámica familiar, con variables como la estructura familiar, la salud física y mental, las ideas de suicidio, el bienestar psicológico y la situación laboral en un grupo de adolescentes; de acuerdo a cuatro tipos de estructuras: familias intactas y estables, familias intactas y con conflictos, familias con un solo padre, y familias reconstruidas. Los adolescentes miembros de familias divorciadas presentaron más problemas relacionales y experiencia de desempleo en relación a aquellos miembros de familias intactas y estables. Estos resultados no fueron tan significativos en los adolescentes miembros de familias intactas y con conflictos, así como en las familias reconstruidas. Resultados muy similares a los encontrados por Forehand, Armistead & David (1997), en donde los resultados demostraron ante todo una interrupción en los procesos familiares.

McCurdy & Sherman (1996), también estudiaron el efecto de la estructura familiar en el proceso de individuación de acuerdo a tres tipos de estructura: familias intactas; padres divorciados, con la custodia materna y sin volver a contraer nupcias; y familias divorciadas, con la custodia materna y con un nuevo matrimonio. Los componentes del proceso de individuación analizados fueron el apego a los padres, conflictos para lograr la independencia, timidez, identidad, y autoestima. Los resultados sugerían que los adolescentes miembros de familias intactas se percibían a sí mismos con más conflictos de independencia pero con más relaciones emocionales positivas con sus padres, que aquellos pertenecientes a familias divorciadas o reconstruidas. Como veremos más adelante, el apego, la identidad y los conflictos para lograr la independencia de los padres, estuvo asociada con la autoestima.

Otra línea de investigación sugiere que no es la configuración familiar lo que determina la efectividad del funcionamiento familiar y el bienestar psicológico de los adolescentes, sino el estilo de relación parental (McFarlane, Bellissimo & Norman, 1995) y los conflictos de la pareja previos al divorcio (Kelly, 2000). Devine & Forehand (1996) realizaron una investigación para analizar la relación entre algunos factores de la pareja (satisfacción conyugal), y algunos factores relacionados con los hijos (número de hijos, la presencia de un hijo varón, los niveles de ansiedad en los hijos y problemas de conducta) que pudieran ser predictores de una situación de divorcio. No se encontró entre los factores relacionados con los hijos, ninguno que pudiera ser considerado como predictor del divorcio; sin embargo, la baja satisfacción en la relación conyugal fue un alto predictor.

Caspi & Elder (citado por Amato & Booth, 2001) también encontraron que los conflictos de pareja estaban asociados con un elevado número de problemas de conducta en los hijos pequeños. Y que posteriormente, cuando adultos, experimentaban problemas con las relaciones interpersonales, afectándose negativamente la calidad de sus propios matrimonios. Esto se debe al hecho de que los niños aprenden una variedad de conductas interpersonales a través de la simple observación de los modelos adultos, lo que se evidencia en la utilización de estrategias similares para la resolución de conflictos tanto en padres como en hijos (Dadds, Atkinson, Turner, Blums & Lendich, citado por Amato y Booth; 2001), en los estilos afectivos similares (Katz & Gottman, citado por Amato & Booth, 2001), y en la tendencia a presentar niveles similares de rabia (Jenkins, citado por Amato y Booth, 2001).

En este sentido, los conflictos de pareja entre los padres son considerados un factor de riesgo por ser un estresor que actúa directamente sobre los hijos, porque los hijos muchas veces se atribuyen la culpa de los conflictos entre los padres, y porque los conflictos de pareja muchas veces vuelve a los padres menos afectivos y más críticos con los hijos (Davies & Cummings, citado por Amato & Booth, 2001). Esto explica, como veremos más adelante, por qué existe un aumento de síntomas depresivos en los hijos, no sólo durante la infancia sino a lo largo de la vida. Lo planteado anteriormente nos lleva a considerar un aspecto relevante, y es que existe suficiente evidencia empírica que demuestra que la calidad de las relaciones de pareja es transmitida a través de las generaciones. Pareciera existir una correlación entre la percepción del propio matrimonio y la percepción del matrimonio de los padres, por lo que, aquellas personas que tuvieron padres infelizmente casados tienden a presentar un mayor número de problemas en sus propios matrimonios (Amato & Booth, 2001).

Partiendo del supuesto de la transmisión intergeneracional, las investigaciones han reflejado el hecho de que el divorcio de los padres es un factor de riesgo que afecta la percepción de los hijos en cuanto a su propio matrimonio, aumentando la posibilidad de repetir la situación de divorcio. Aún cuando esta conclusión puede resultar prematura, ya que no todas las parejas que optan por un divorcio han tenido un período considerable de conflictos previo a este. No obstante, según la investigación realizada por Amato & Booth (2001), pareciera existir algunas conductas de los padres que pueden ser consideradas predictoras de problemas en el matrimonio, como los celos, la dominancia, las rabietas, la crítica constante y los estados de humor, entre otros.

Por otro lado, existen algunos factores que durante la infancia, y ante la presencia de un divorcio, generan una depresión durante la adolescencia (Palosaari & Aro, 1995). Palosaari, Aro & Laippala (1996), concluyeron que la baja autoestima durante la edad de 16 años era un factor que hacía más vulnerables a los jóvenes para desarrollar síntomas de depresión, indistintamente del género. Se observó que entre las hijas mujeres, los efectos a largo plazo estuvieron asociados a la baja autoestima y a la falta de acercamiento con el padre. Sin embargo, cuando la relación con el padre era estrecha disminuía el riesgo de desarrollar síntomas depresivos. A su vez, no se observó relación entre la baja autoestima, las relaciones poco satisfactorias con los padres y la depresión en los hijos hombres después de un divorcio.

Recientemente, numerosos estudios epidemiológicos han analizado aquellos elementos de dolor y apoyo al dolor que se presentan indistintamente de la situación de pérdida (Marwit & Carusa, 1998), lo que ha permitido demostrar que los trastornos depresivos tanto en niños como en adolescentes, son más comunes de lo que se piensa. Por esta razón, decidimos incluir algunas de las últimas contribuciones en materia de depresión en adolescentes, ya que muchas veces se subestiman las consecuencias a corto y largo plazo de este trastorno (Laget, 2000).

Se ha podido demostrar empíricamente, que los trastornos depresivos parecen aumentar con la edad, y que los adolescentes logran adaptarse a la experiencia de depresión de manera distinta, según el género. Price & Lavercombe (2000) llevaron a cabo un análisis de regresión al respecto y observaron que los patrones de relación eran diferentes en hombres y mujeres. En base a los resultados concluyeron que los varones tendían a externalizar, pero no se pudo aceptar la hipótesis de que las mujeres tendían a la internalización. Más adelante veremos nuevamente este hecho, cuando citemos las investigaciones más recientes en relación a las estrategias de afrontamiento utilizadas por este tipo de jóvenes.

Se ha observado que la respuesta de los hijos ante la separación de sus padres va a depender entre otras cosas de la edad, ya que su forma de percibir la situación será distinta. Por ejemplo, alguien de 3 años puede que no comprenda lo que sucede y llegue a sentirse culpable de la separación de sus padres, mientras que alguien de 10 años refleje sus sentimientos en una baja del rendimiento escolar. Por otro lado, los adolescentes tienen edad suficiente para entender más la separación de los padres, sin embargo experimentan las mismas emociones que experimentan los niños más pequeños; y muchas veces se debe a que desconocen las razones verdaderas por las que sus padres decidieron separarse. Lo cierto es que, común a todas las edades existe la mayor parte de las veces un grado de alteración emocional y conductual.

Fergusson & Woodward (2002) realizaron un estudio longitudinal con un grupo de jóvenes diagnosticados con depresión durante la etapa de adolescencia media (14-16 años). De acuerdo a los resultados, concluyeron que un diagnóstico de este tipo y a esa edad, aumentaba significativamente el riesgo de padecer una depresión mayor en la adolescencia tardía (16-21 años), así como desórdenes de ansiedad, dependencia a la nicotina, abuso o dependencia al alcohol, intentos de suicidios, bajo desempeño académico, desempleo y una paternidad temprana. Estos resultados confirman los encontrados por Sampson & Mrazek (2001), acerca del riesgo significativo de recurrencia durante la edad adulta debido a un trastorno de depresión durante la adolescencia.

En lo que respecta al caso de nuestra paciente depresiva, logramos encontrar evidencia teórica que puede llevarnos a asociar sus síntomas depresivos con una falta de individuación y un apego inseguro con representaciones parentales negativas. Esta hipótesis nos la planteamos en base al modelo formulado por Milne & Lancaster (2001), que explica la relación entre variables como el proceso de individuación, conflictos interpersonales, autocrítica, estilos de apego, representaciones parentales y síntomas depresivos, todas ellas involucradas en el proceso de desarrollo psicológico en los adolescentes.

Aún cuando en el caso de María no se tiene información acerca de intentos de suicidio entre sus antecedentes, consideramos la posibilidad de que mínimo se hayan presentado ideas al respecto (Sampson & Mrazek, 2001). No perdemos de vista el hecho de que las conductas suicidas son una de las causas de muerte más frecuente a esta edad (Laget, 2000).

Essau & Petermann (2000) lograron identificar algunos de los factores de riesgo asociados a este trastorno tales como: algún tipo de psicopatología en los padres, disfunción familiar y eventos de la vida negativos. De esta forma, la depresión frecuentemente se veía acompañada de otros trastornos y de la tendencia a que se volviera un trastorno crónico. En esta misma línea de investigación, Shiner & Marmorstein (1998) estudiaron una muestra de adolescentes gemelos cuyas madres tenían un trastorno de depresión, y se evaluó el funcionamiento familiar en base a las siguientes condiciones: adolescentes depresivos con madres depresivas, adolescentes depresivos con madres no depresivas, y un grupo control conformado por adolescentes no depresivos. Los resultados indicaron que un gran porcentaje de adolescentes deprimidos tenían madres deprimidas, lo que resalta la importancia de considerar la depresión de los padres en el tratamiento de los adolescentes con este mismo trastorno. Y subraya el hecho de determinar los patrones de interacción familiar, sobre todo en aquellas familias con más de un miembro con este tipo de trastorno.

Es necesario mencionar en este punto que la madre de María estuvo en psicoterapia por un diagnóstico de depresión igualmente. Y recientemente ha sido posible determinar que uno de los factores que permiten predecir con más apoyo empírico la depresión en adolescentes, es la presencia de una madre depresiva. Hammen & Brennan (2001), después de controlar los síntomas y ciertas variables psicosociales, observaron que los hijos depresivos con madres depresivas mostraban significativamente más conductas y pensamientos negativos que los hijos depresivos con madres no depresivas. En este sentido, nuevamente se utiliza una perspectiva de transmisión intergeneracional para explicar cómo la presencia de una madre con diagnóstico de depresión, tiende a generar síntomas de depresión en los hijos. Estos se reflejan por un lado en la dificultad para establecer relaciones interpersonales, y por el otro en una disfunción cognitiva acerca de sí mismos y del mundo.

Garber, Keiley & Martín (2002) plantearon un diseño de investigación que incluía el género y la presencia de una madre depresiva en un grupo de adolescentes con trastorno depresivo. Encontraron que las mujeres demostraban un mayor aumento de los síntomas depresivos en relación a los hombres; y que aquellos adolescentes con madres depresivas tuvieron inicialmente más síntomas, que aquellos con madres sin un diagnóstico de depresión. Sólo cuando se controlaron estas dos variables, fue posible predecir significativamente los niveles iniciales de síntomas depresivos a partir de las atribuciones negativas y los estresores.

Se ha utilizado por mucho tiempo la teoría del apego para explicar los desórdenes de personalidad, partiendo de la premisa que existe una estructura común a ciertos estilos de apego y ciertos desórdenes de personalidad. Brennan & Shaver (1998) evaluaron un grupo de adolescentes para investigar la relación entre personalidad y factores antecedentes familiares como: la muerte de uno de los padres, el divorcio de los padres y sus representaciones actuales de la relación con sus padres durante la infancia. Los resultados indicaron una alta correlación entre el tipo de apego y los desórdenes de personalidad, recomendando realizar más investigaciones al respecto, con el objeto de seguir obteniendo evidencia empírica que demuestre que, el apego inseguro y la mayoría de los desórdenes de personalidad comparten antecedentes similares de desarrollo.

No descartamos con todo lo anterior la explicación orgánica del trastorno. Más aún cuando el desarrollo tecnológico ha permitido encontrar numerosas evidencias experimentales y clínicas sobre este trastorno afectivo. Algunas de las investigaciones más recientes (Lenti, Giacobbe & Pegna, 2000), se apoyan en un modelo neuropsicológico para identificar una lateralidad de las funciones emocionales desde el inicio del desarrollo, con dominancia del hemisferio derecho. Esto permitiría abordar el trastorno como una disfunción de hemisferio derecho, en pacientes de distintas edades. Y como éste, son muchos los estudios con diseños longitudinales (Pine, Kentgen, Bruder, Leite, Bearman, Ma & Klein, 2000) que siguen sugiriendo una relación entre la lateralidad cerebral y la psicopatología a lo largo del desarrollo.

De hecho, se ha evaluado la posibilidad de que la asociación entre el divorcio de los padres y la adaptación de los hijos esté mediada por factores genéticos, a través de estudios longitudinales con familias adoptivas y biológicas (O´Connor, Plomin, Caspi & DeFries, 2000). Los hijos biológicos de padres divorciados mostraron más problemas de conducta, abuso de sustancias y problemas de adaptación social, en comparación con hijos biológicos de familias intactas. Resultados similares se observaron en los hijos adoptados con padres adoptivos separados, en relación a las familias adoptivas intactas, aún cuando no hubo diferencias significativas en cuanto a la adaptación social. Esta y otras investigaciones que atribuyen un componente genético a los efectos negativos que se producen en los hijos debido a una situación de divorcio, por un lado sugieren que la influencia genética del divorcio no se da en forma directa sino sobre ciertos rasgos de personalidad asociados al divorcio. Otros han sugerido una influencia sobre rasgos de personalidad, que permiten no solo predecir el divorcio por sí mismo, sino también la tendencia a presentar los conflictos interpersonales y familiares que preceden y siguen a la separación de la pareja. Por ejemplo, Kelly (2000) concluye que muchos de los síntomas psicológicos observados en niños y adolescentes después del divorcio de los padres, pueden ser identificados en las etapas previas del divorcio. Y por ultimo, están aquellas investigaciones que sugieren una influencia sobre algunos índices de adaptación en los hijos, sobre todo los relacionados con problemas conductuales y emocionales, abuso de sustancias y autoestima entre otros. En definitiva, pareciera que los problemas conductuales en hijos de familias divorciadas son el resultado de cierta vulnerabilidad en los padres transmitida genéticamente, y que sumado a determinados factores ambientales logran expresarse en términos de conflicto.

El conocimiento de todo lo anteriormente señalado, obliga a seguir realizando investigaciones que permitan una mayor precisión al momento de hacer un diagnóstico de este trastorno, a partir de criterios fundamentados empíricamente (Goodman, Schwab-Stone, Lahey, Shaffer & Jensen, 2000). Sobre todo cuando sus efectos influyen negativamente en el normal funcionamiento de los adolescentes. Hasta ahora, uno de los instrumentos más válidos para el diagnóstico de depresión en adolescentes en un contexto clínico es el Inventario de Depresión de Beck (Beck Depression Inventory), a partir de cuatro factores principales que son: una actitud negativa sobre sí mismo, dificultades en el funcionamiento, síntomas somáticos y la preocupación física (Bennett, Ambrosini, Bianchi, Barnett, Metz & Ravinovich, 1997).

Para finalizar el presente ensayo, hemos decidido incluir igualmente algunas de las contribuciones más recientes en materia de psicoterapia para adolescentes diagnosticados con un trastorno de depresión, específicamente la psicoterapia cognitiva. Sobre todo porque a partir de la última mitad del siglo pasado, las investigaciones en psicoterapia se han visto en la necesidad de aumentar su rigor metodológico, y permitir con ello el comienzo de una nueva generación de investigaciones que evalúan la efectividad de la psicoterapia (Hibbs, 2001). Uno de las principales defectos metodológicos en la realización de algunos estudios es la utilización de muestras demasiado pequeñas para detectar diferencias entre dos o más grupos experimentales. Kazdin (citado por Diamond & Siqueland, 2001) argumenta que resulta esencial utilizar muestras conformadas por 150 personas como mínimo para detectar diferencias significativas entre grupos experimentales, y sin embargo pocos son los estudios que cumplen con este criterio.

Como una alternativa a la terapia con fármacos, la psicoterapia cognitiva promete ser una herramienta terapéutica estructurada y posible de realizar en un período corto de tiempo. En este sentido, Sauteraud, Marque & Bourgeois (1995) presentaron el caso de una adolescente de 18 años y con un diagnóstico de depresión crónica, con varios intentos de suicidio, varias hospitalizaciones previas y una psicoterapia psicoanalítica. Sin embargo, la verdadera recuperación se observó cuando fue sometida a 16 sesiones de psicoterapia cognitiva, utilizando el método Beck en combinación con fluvoxamina, cuyo efecto por sí solo resultaba insuficiente.

Rosselló & Bernal (1999) llevaron a cabo una investigación para evaluar la eficacia de la Terapia Cognitiva-Conductual (TCC) y la Psicoterapia Interpersonal (TIP), en una muestra de adolescentes puertorriqueños con un diagnóstico de depresión y asignados a tres condiciones: TCC, TIP, o LE (lista de espera). Se evaluaron los síntomas depresivos, la autoestima, la adaptación social, el ambiente emocional en la familia y la presencia de problemas de conducta; antes del tratamiento, después del tratamiento y tres meses después de finalizado el mismo. Los resultados indicaron que la TIP (82%) y la TCC (59%) lograron reducir significativamente los síntomas de depresión en comparación con el grupo de adolescentes en lista de espera.

Birmaher, Brent, Kolko, Baugher, Bridge, Holder, Iyengar & Ulloa (2000), no observaron diferencias significativas en los resultados a largo plazo de una investigación longitudinal que incluía en su diseño una terapia cognitiva-conductual, una terapia familiar sistémica y una terapia de apoyo no dirigida. No obstante, aún cuando la mayoría de los participantes de este estudio eventualmente lograron recuperarse, aquellos con una depresión severa y con conflictos en la relación padre-hijo, presentaron un mayor riesgo de desarrollar una depresión crónica o recaídas. Más reciente aún, Diamond & Siqueland (2001) demostraron que la terapia cognitiva-conductual resultaba ser más efectiva que otras intervenciones para el tratamiento de los adolescentes con un trastorno depresivo mayor, logrando reducirla incluso más rápido que la terapia familiar y la terapia de apoyo.

Un aspecto que no quisiéramos dejar de mencionar es, que la depresión parece tener mayor consecuencias a lo largo del tiempo en lo concerniente a la autoeficacia, sobre todo en las adolescentes mujeres (Bandura, Pastorelli, Barbaranelli & Caprara, 1999). Muris, Schmidt, Lambrichs & Meesters (2001), llevaron a cabo recientemente un estudio con miras a determinar los factores protectores y de vulnerabilidad en el desarrollo de síntomas depresivos. Observaron que la depresión estuvo relacionada con niveles altos de rechazo por parte de los padres, atribuciones negativas, estrategias de enfrentamiento pasivas y bajos niveles de autoeficacia. En este sentido, proponen un modelo que considera a las conductas parentales negativas y los estilos de atribución negativa como fuentes primarias del trastorno depresivo, mientras que los estilos de enfrentamiento y la autoeficacia juegan un papel de mediadores en la formación de los síntomas depresivos.

Un estudio realizado por Grossman & Rowat (1995), permitió analizar el impacto que tiene la calidad de la relación de pareja y la relación familiar sobre las estrategias de enfrentamiento, el apoyo recibido y el bienestar psicológico de los adolescentes miembros de familias separadas, divorciadas y casadas. Demostraron que la existencia de una relación parental poco afectiva y la ausencia de una estructura familiar sólida, estaba asociada con una baja satisfacción personal y sentido de futuro; así como por altos niveles de ansiedad en adolescentes miembros de familias con padres divorciados. Huss & Lehmkuhl (1996) también indicaron que las familias con un clima familiar de apoyo caracterizado por la confianza y el control, era un importante predictor de estrategias positivas y activas de enfrentamiento. En cambio, aquellas familias con un clima familiar menos afectivo permitía predecir estrategias de evitación.

La prueba más evidente para los hijos de una ruptura familiar, es la ausencia de uno de los padres en el hogar, lo que es experimentado en ocasiones con sentimientos de rabia y tristeza. Ante esto, los padres pueden reaccionar de distintas maneras:

Comparten con los hijos el enojo que sienten por el ex-cónyuge (“No se hablan desde que se separaron”).
Desplazan el enojo que sienten hacia los hijos (“Si no hubiera sido por ti a lo mejor estaríamos casados todavía”).
No responden a las necesidades de los hijos por estar pendientes de sus propias necesidades (“Casi no lo vemos nunca”).
Se conversa de temas personales y propios de la pareja con los hijos (“Siempre se vive quejando del otro cada vez que tiene la oportunidad”).
No se fijan los límites apropiados.
Se responsabiliza a los hijos mayores del cuidado de los menores (“Me preocupa que no pueda terminar mi carrera a tiempo para poder pagarle la carrera a mi hermana”)


Si los hijos se desarrollan en un ambiente favorable como en el caso de Jorge, en donde ambos padres ejercen una función paterna conjunta y muestran una conducta que es percibida por Jorge como consistente, permite explicar mejor su adaptación frente al divorcio de sus padres. Todo lo contrario se observa en el caso de María, donde la separación se produjo de manera destructiva, desarrollando en la paciente disfunciones cognitivas asociadas a sentimientos de culpa, abandono e inadaptación social. En este caso, es evidente que cada ex-cónyuge logre mantenerse intensamente involucrado con cada uno de sus hijos, de manera que les sea posible conservar o recuperar la confianza en sí mismos y poder enfrentarse a las necesidades de sus hijos sin la presencia del otro como pareja.

Partiendo del supuesto de que, el padre facilita en cierta forma el proceso de individuación en la relación madre-hijo, una situación de divorcio termina complicando este proceso. Saintonge, Achille & Lachance (1998) realizaron una investigación con adolescentes hijos de padres separados y con la figura de un hermano mayor como sustituto de la figura paterna, quienes fueron comparados con un grupo control conformado por adolescentes sin hermanos mayores. Los resultados indicaron que aquellos adolescentes con la figura de un hermano mayor, estuvieron menos afectados por la separación de los padres que aquellos que no tenían dicha figura paterna sustituta.

Todos estos resultados dejan ver la importancia de realizar intervenciones con los adolescentes, considerando el contexto de las relaciones familiares. Razón por la cual se decidió utilizar del genograma para identificar las etapas del ciclo vital y los aspectos relacionales presentes en la familia (Revilla de la, Constan, Ubeda, Fernández, Fernández & Casado,1998; Patiño & Vázquez, 2000).

En este sentido, los hijos deben ser considerados tanto en el contexto previo como en el contexto posterior al divorcio, ya que la mejor decisión es aquella que menos los perjudique y no sólo aquella que más conviene a la pareja que desea separarse. En otras palabras, aún cuando la pareja que presenta el conflicto llega a dar por finalizada la relación conyugal en términos de divorcio, es supremamente importante que ambos padres mantengan y compartan la "función parental"; de lo contrario dicha situación puede generar ambivalencia y la formación de coaliciones con los progenitores, afectando el bienestar psicológico de los hijos. Lo ideal sería que los padres de María logren separar los resentimientos que resultaron de la situación de divorcio, y que sean capaces de tolerar las frecuentes comunicaciones en torno a las decisiones que afectan la crianza de sus cuatro hijos.






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Nelson Valdés Sánchez
Licenciado en Psicología
nvals@hotmail.com
nlvaldes@puc.cl

miércoles, 27 de julio de 2011

CUANDO LA DEPRESIÓN REQUIERE TRATAMIENTO

CUANDO LA DEPRESIÓN REQUIERE TRATAMIENTO
por Óscar Asorey. Psicólogo clínico

En los últimos años es frecuente la participación de profesionales de la salud en los medios de comunicación dando a conocer la problemática que suscitan los trastornos del estado de ánimo, tanto para las personas que lo padecen como para sus familias. Esta patología psiquiátrica la padece alrededor de un 5% de la población, y no únicamente incide sobre la población adulta, sino que también está presente en población infantil y adolescente. La depresión se caracteriza por un estado de tristeza, fatiga o cansancio, dificultades de concentración y memoria, y falta de interés por actividades que antes resultaban gratificantes. Asimismo, las personas que padecen esta enfermedad tienen problemas durante el sueño (insomnio o hipersomnia), aumento o disminución del apetito, pérdida de interés por el sexo, molestias corporales (náuseas, jaquecas o dolores) y lentitud o agitación motriz. Es, por tanto, una alteración que, por su presencia en la población y por sus consecuencias en quien la padece, merece atención sanitaria.

Causas
Se han propuesto diversos factores como causa de la aparición de la depresión. Por un lado, como origen de la depresión se han hallado alteraciones orgánicas y, por otro, factores psicosociales. Los estudios sobre etiología de la depresión proponen que tanto las variables orgánicas como las psicosociales actúan conjuntamente en el desarrollo y mantenimiento de la depresión. A partir de los hallazgos relacionados con variables biológicas, se proponen diversas patologías como posible origen de los síntomas depresivos. Entre las principales se encuentran: los trastornos endocrinos, alteración en la modulación de los neurotransmisores cerebrales y enfermedades cardiovasculares, digestivas o infecciosas. Sin embargo, en numerosas ocasiones se observa que detrás de los trastornos del estado de ánimo no se hayan indicadores biológicos o médicos que los justifiquen.

Son numerosos los estudios científicos en los que se ha determinado cuáles son los factores psicosociales más comunes que preceden y que mantienen los cuadros depresivos. Entre los primeros están aquéllos que favorecen el desarrollo (la aparición) de la depresión como la pérdida de algún ser querido, la pérdida de una determinada condición laboral, como puede ser la jubilación, la soledad o el aislamiento social, el divorcio o la separación, historia familiar o personal de problemas emocionales, etc. También, y como ya se ha comentado con anterioridad, los estudios sobre depresión muestran la presencia de factores psicosociales que mantienen e, incluso, agravan la sintomatología depresiva. Los factores que con mayor frecuencia inciden en el curso de la enfermedad son la disminución de la actividad laboral o lúdica, el abuso de alcohol u otras drogas, el estrés, la dificultad para expresar emociones, la falta de apoyo social y/o familiar, etc.

Desde la psicología se ha intentado dar explicación a por qué aparecen los síntomas más habituales de la depresión. Los autores de las teorías cognitivas, aquéllas centradas en los procesos de pensamiento, afirman que ciertas experiencias tempranas en el desarrollo de la persona favorecen el aprendizaje de conceptos negativos hacia uno mismo, acerca de aquello que depara el futuro, y sobre el entorno social, laboral y familiar. Estos conceptos negativos pueden ser activados bajo determinadas circunstancias vitales que, de alguna forma, sean equivalentes a las que inicialmente generaron estos esquemas negativos. Otras líneas de investigación se han centrado en el estudio de cómo la persona con depresión tiene dificultad para disfrutar de los acontecimientos agradables de su entorno y esto deriva en una menor actividad encaminada a la búsqueda de determinadas experiencias gratificantes. Este hecho lleva a una mala adaptación al medio, lo que provoca dificultades en las relaciones sociales y laborales. En consecuencia, disminuye aún más la actividad de la persona y, por tanto, la probabilidad de experimentar situaciones agradables es cada vez menor.

Tratamientos y Soluciones
¿Cuáles son las acciones terapéuticas que, desde la psicología clínica, están destinadas a la prevención y el tratamiento de la depresión? Cualquier línea de tratamiento o terapia psicológica se suele acompañar de una valoración psiquiátrica y, si es pertinente, de la administración de los fármacos adecuados para el alivio de este trastorno. El uso de fármacos antidepresivos ayuda en el trabajo y la eficacia de las técnicas psicológicas, con lo que la resolución del trastorno es más pronta y efectiva.

El objetivo principal de los programas de intervención es, además de mejorar la sintomatología depresiva, el restablecimiento de la calidad de vida del paciente, recuperando aquellas actividades sociales, lúdicas y laborales que, en otro tiempo, eran satisfactorias, agradables y positivas para la persona. Además, se trata de modificar aquellos pensamientos negativos que pueden dar lugar a la depresión. Para ello, se ayuda a la persona a identificar y modificar las conceptualizaciones distorsionadas que mantiene sobre sí mismo, el mundo y el futuro. La persona aprende a resolver problemas y situaciones que anteriormente no se veía capaz de superar, y esto se logra mediante la reevaluación y la modificación de sus pensamientos. Otras estrategias terapéuticas que ayudan a superar los síntomas que acompañan al trastorno depresivo se encaminan al aprendizaje de recursos para la solución de problemas o el entrenamiento en habilidades sociales para aumentar la eficacia y la calidad de las relaciones sociales y familiares.

En ocasiones, la terapia para la depresión no se agota en la persona que la padece, sino que también se ofrece ayuda a las personas del entorno inmediato al paciente. A éstas se les proporciona información sobre la patología y se les ofrece asesoramiento acerca del modo más adecuado de interacción con el familiar enfermo. El acercamiento de los miembros de la familia a las peculiaridades de este trastorno mental permite que éstos puedan comprender mejor la conducta de desánimo, tristeza y la pérdida de interés por las cosas que antes resultaban agradables, sin que se produzcan acusaciones, reproches o presión sobre el enfermo que no harían sino que agravar las dificultades, no sólo del paciente, sino también de las relaciones familiares.

La depresión es, hoy en día, junto a los trastornos de ansiedad, uno de los principales motivos de consulta en los centros de salud. Dada su complejidad, no sólo etiológica, sino también sintomatológica, requiere de la acción conjunta de profesionales de la medicina, la psicología y también de la participación de la familia para una efectiva y pronta recuperación.



Óscar Asorey
Psicólogo clínico
ISEP Clínic Baix Camp (Reus)

lunes, 25 de julio de 2011

Consideraciones psicológicas del abordaje de niños y adolescentes en conflicto con la ley penal

Consideraciones psicológicas del abordaje de niños y adolescentes en conflicto con la ley penal



Introducción:
Para discurrir sobre abordaje de niños y adolescentes en conflicto con la ley penal desde consideraciones de orden psicológica, debemos esbozar que en este momento entendemos a este abordaje como una practica por cierto singular con características muy propias que lo distinguen de otras intervenciones dentro del área psicológico. Ahora bien por que se utiliza en este tiempo la denominación “niños y adolescentes en conflicto con la ley penal" el lugar de otros como menores delincuentes", "joven delincuente", " precoces delincuentes", "menor infractor", pues estos sustantivos remiten a la Ley de Patronato 10.903 Promulgada el 21/10/1919 que los considera como "objetos" y no como sujetos de derechos, como los concibe la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, aprobada por la ONU en 1989, ratificada por nuestro país en 1990 e incorporada a la Constitución en la reforma de 1994: en la Constitución de la Nación Argentina esta plasmado en los artículos 22 y 23 del capítulo cuarto: Atribuciones del Congreso de la Carta Magna, mientras si nos circunscribimos a nuestra provincia encontramos que en la Constitución de la Provincia de Córdoba, en el apartado Derechos - Definiciones Artículo 18, se hace mención a los tratados internacionales de derechos y su vinculación con los ciudadanos que habitan el suelo cordobés. Las nominaciones “menor” o “menor delincuente” son términos que están revestidos de un sentido peyorativo que define a los adolescentes a partir de su comportamiento y refuerzan prejuicios, estigmas y desigualdades sociales. Entonces hablar de niño y adolescentes en conflicto con la ley penal "es lo apropiado para referirse a los niños y adolescentes que cometen delitos, ya que define la situación en la que se encuentran en lugar de "estigmatizarlos" o "marginarlos" por su conducta. Al referir niño o adolescente en conflicto con la ley penal, estamos haciendo referencia a un niño con características diferenciales respecto al resto del universo de los “niños”, estamos hablando de un ser en formación que esta en conflicto judicial. Estamos hablando de un ser en formación.

Esto es avalado por La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño que establece que todo niño y adolescente en conflicto con la ley penal tiene derecho a:



- a ser tratado de manera acorde con el fomento de su sentido de la dignidad y el valor, que fortalezca el respeto del niño por los derechos humanos y las libertades fundamentales de terceros y en la que se tengan en cuenta la edad del niño y la importancia de promover su reintegración y que éste asuma una función constructiva en la sociedad.

- que se le garantice, por lo menos, lo siguiente: que se lo presumirá inocente mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley; que será informado sin demora de los cargos que pesan contra él y que dispondrá de asistencia jurídica u otra asistencia apropiada en la preparación y presentación de su defensa; que la causa será dirimida sin demora por una autoridad u órgano judicial competente, independiente e imparcial en una audiencia equitativa conforme a la ley, en presencia de un asesor jurídico u otro tipo de asesor adecuado y, al menos que se considerare que ello fuere contrario al interés superior del niño, teniendo en cuenta en particular su edad o situación y a sus padres o representantes legales; que no será obligado a prestar testimonio o a declararse culpable, que podrá interrogar o hacer que se interrogue a testigos de cargo y obtener la participación y el interrogatorio de testigos de descargo en condiciones de igualdad;

- que se respete plenamente su vida privada en todas las fases del procedimiento.



Es menester hacer esta aclaración: si bien la palabra no es impune, y toda palabra tiene consecuencias… en la práctica diaria técnico profesional - más allá de la nominación: “niño, adolescente en conflicto con la ley o joven infractor”; - lo importante es la impronta y respeto por esa persona en formación que esta frente a nosotros y a la cual debemos asistir y darle alguna respuesta. Vale decir la nominación que usemos para referirnos a este ser en formación es muy importante pero mas importante y significativo es ante todo que esa denominación sea acompañada y acompasada por el trato diario y continuo de respeto a ese niño / adolescente en situación de conflicto judicial.



Es decir, que ya nos adentramos en las normativas o documentos marcos internacionales, nacionales y provinciales, que rigen y/o enmarcan nuestra actividad con Niños y Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal:

ü Declaración Universal de los Derechos Humanos

ü Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Adoptada y abierta a la firma y ratificación por la Asamblea General en su resolución 44/25, de 20 de noviembre de 1989. Entrada en vigor: 2 de septiembre de 1990, de conformidad con el artículo 49. La Convención sobre los derechos del niño implicó no sólo el reconocimiento de los niños como sujetos de derecho, sino la obligación por parte de los Estados de la adopción de medidas tendientes a su protección integral y adecuación de las normas procesales para asegurar el cumplimiento de sus derechos y garantías. (Art.40)

ü Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de la justicia de menores, ("Reglas de Beijing") Adoptadas por la Asamblea General en su resolución 40/33, de 28 de noviembre de 1985.

ü Directrices de las Naciones Unidas para la Prevención de la Delincuencia Juvenil, “Directrices de RIAD”. Resolución 45/112, de diciembre de 1990, 68ª sesión plenaria.

ü Constitución de la Nación Argentina: en el capitulo 4 de atribuciones del Congreso en su art 22 expresa Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones internacionales y los concordatos con la Santa Sede. Los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes.
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial; la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la Convención sobre los Derechos del Niño: en las condiciones de su vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la primera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos. Los demás tratados y convenciones sobre derechos humanos, luego de ser aprobados por el Congreso, requerirán del voto de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara para gozar de la jerarquía constitucional; mientras que el Art. 23) nos expresa como atribución del Congreso Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad.
Dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situacion de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del periodo de enseñanza elemental, y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia.

ü Constitución de la Provincia de Córdoba, específicamente relacionado en Derechos - Definiciones Artículo 18. - Todas las personas en la Provincia gozan de los derechos y garantías que la Constitución Nacional y los tratados internacionales ratificados por la República reconocen, y están sujetos a los deberes y restricciones que imponen. Mientras que en el Capítulo Segundo, Derechos Sociales en su Art. 25. - Niñez:
El niño tiene derecho a que el Estado, mediante su responsabilidad preventiva y subsidiaria, le garantice el crecimiento, el desarrollo armónico y el pleno goce de los derechos, especialmente cuando se encuentra en situación desprotegida, carenciada o bajo cualquier forma de discriminación o de ejercicio abusivo de autoridad familiar.
y en Art. 26. - Juventud
Los jóvenes tienen derecho a que el Estado promueva su desarrollo integral, posibilite su perfeccionamiento, su aporte creativo y propenda a lograr una plena formación democrática, cultural y laboral que desarrolle la conciencia nacional en la construcción de una sociedad más justa, solidaria y moderna, que lo arraigue a su medio y asegure su participación efectiva en las actividades comunitarias y políticas.

ü Ley 9053 de la Provincia de Córdoba, Protección Judicial del Niño y el Adolescente, sancionada en 2002.

ü Ley 7106 (Disposiciones para el Ejercicio de la Psicología), en Normativas Institucionales del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba. Se entenderá por área de la Psicología Jurídica: la esfera de acción que se realiza en los Tribunales de Justicia, Institutos Penitenciarios, de internación de menores y en la práctica privada de la profesión.

Es complejo tratar de determinar el patrón que define al niño inadaptado o en conflicto con la ley penal. El joven que tiene este tipo de comportamientos no nace con una identidad definida, sino que ésta se va haciendo por asimilación y contraste.

Estos adolescentes van asumiendo progresivamente una imagen de sí mismos como diferentes de los otros, una imagen que les caracteriza como malos, y por ello actúan de modo tal que sus comportamientos respondan a la idea que de ellos se tiene. Ante la sociedad presentan diversas peculiaridades –que les distinguen de los demás-: argot (lenguaje propio), forma de vestir y de comportarse...

Pero ¿que es ser persona en conflicto con la ley penal?, en este sentido debemos definir a la persona en realcion al delito, desde aquí es que “delincuente” es aquel que se sale de las normas establecidas y es definido como tal por la intervención de las instituciones de control social. La definición de inadaptado o delincuente se configura en relación con la norma. Las normas representan aquello que se debe hacer o aquello que se debe evitar. Según este principio los individuos se califican en normales y anormales o desadaptados.

El ser adolescente en conflicto con la ley penal se convierte para el sujeto en un intento de afirmación de sí, una búsqueda de identidad a partir del etiquetamiento que se le impone. El ser niño o joven en conflicto con la ley penal o después se va a sentir perseguido (un modo de sentirse vivo y de ser alguien), va a ser agredido y castigado públicamente (un modo de llamar la atención), va a ser despreciado y excluido

A partir de estas consideraciones empezaremos a discurrir sobre la compleja práctica de los psicólogos con niños y adolescentes en conflicto con la ley penal. Practica psicológica por cierto heterodoxa, donde el profesional trabaja técnicamente con humanos en desarrollo que se encuentran en una situación jurídica-social diferente respecto a los adultos, en relación con la insuficiente madurez para comprender la criminalidad del acto o para conducirse conforme a esa comprensión, por lo cual requiere una atención específica acorde a sus necesidades personales, familiares y sociales. El fin del tratamiento es resocializar al joven, desde aquí asistir al Adolescente en conflicto con la Ley Penal será entonces poder efectuar la lectura de las necesidades no solo corporales sino también emocionales, familiares y sociales, acompañar a la persona en desarrollo en la “búsqueda de sentido de la vida”.




Desarrollo:
A los fines didácticos de compartir códigos comunicaciones con Uds. definiremos la Psicología, luego la adolescencia, para llegar a comprender lo que denominamos adolescente en conflicto con la ley penal junto a su familia, para realizar una aproximación a su abordaje y posible intervención desde la prevención integral.

El tema nos lleva a la ardua tarea de precisar una definición de la psicología a los fines ilustrativos didácticos, realizado esto podremos aproximarnos al abordaje psicológico de niños y adolescentes en conflicto con la ley penal; entendemos psicología: “Es el estudio científico del comportamiento y de los procesos mentales”. Los estudiosos de la Psicología describen, explican, predicen e intentan modificar el comportamiento para mejorar la calidad de vida de las personas tanto en el nivel individual como grupal.

Centrándonos en nuestra provincia de Córdoba, las Normativas Institucionales del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba, en la Ley 7106 (Disposiciones para el Ejercicio de la Psicología) nos expresa: El ejercicio de la Psicología se desarrollara en los niveles individual, grupal, institucional y comunitario, ya sea en forma publica o privada, en las áreas de la Psicología Clínica, Educacional, Laboral, Jurídica y Social.

Se entenderá por área de la Psicología Jurídica: la esfera de acción que se realiza en los Tribunales de Justicia, Institutos Penitenciarios, de internación de menores y en la práctica privada de la profesión.

Se considera ejercicio de la profesión de psicólogos, en el área de la Psicología Jurídica: el estudio de la personalidad del sujeto que delinque, la rehabilitación del penado; la orientación psicológica del liberado y de sus familiares, la actuación sobre las tensiones grupales en Institutos Penales con tareas de Psicohigiene, la colaboración en peritajes, empleando los instrumentos específicos, la realización de peritajes psicológicos, realización de peritajes y estudios de adopción y de conflictos familiares.

Como también en la resolución 2447 anexo de la Ley 8312 (en las Normativas Institucionales del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba) en el ítem 16 precisa en lo relativo a “incumbencias de los títulos de psicólogo y de licenciado en Psicología” “realizar asesoramiento y asistencia psicológica en instituciones de derecho publico, pericias, rehabilitación del penado, tutelado, liberado y familiares.”

Ya esbozamos alguna definición tal no del todo abarcativa de la psicología, precisamos algunas cuestiones relativas al ejercicio profesional en la Provincia de Córdoba y ahora veremos algunas conceptualizaciones evolutivas básicas de la población objeto de esta población objeto de este estudio.

Por lo que es necesario revisar breve y focalizadamente algunas características de la psicología evolutiva:

La infancia: es la fase del desarrollo desde del nacimiento (perinatal) hasta el comienzo de la madurez (pubertad).

Términos como niño, lactante, niño pequeño, niño en edad escolar, son considerados meros esquemas didácticos, pues el desarrollo es un proceso con innumerables grados de libertad, con particularidades típicas para cada subfase en interrelación compleja con la cultura, el contexto ambiental, la estimulación y dinámica del contexto familiar.

La etapa infantil está marcada por la dependencia básica; el niño se caracteriza por su deseo de crecimiento y se siente dominado por las fuerzas, no sólo físicas, sino también intelectuales, morales, sociales y expresivas de los adultos. El objetivo fundamental de esta etapa es ayudar al niño a sentirse seguro, gracias a la protección que se les brinda y a los alientos que se les proporciona, en sus actuaciones más diversas.

Y progresivamente llegamos al tema de la adolescencia; la adolescencia es una etapa con características propias y singulares que comienza en la infancia y da paso a la edad adulta, durante ella se producen cambios y transformaciones, que no solo afectan a las características puramente físicas de las personas, sino también a sus aspectos intelectuales, emocionales, sociales y psicológicos, haciendo de esta etapa uno de los periodos más difíciles y turbulentos de la existencia.

Durante esta etapa la relación padres e hijos es difícil y, a menudo tan llena de contradicciones como todo el mundo del adolescente. Los hijos son cada vez más autónomos y reclaman mas independencia en su vida personal y social. Se produce un alejamiento de los padres pero, al mismo tiempo les reclaman el apoyo y el afecto que todavía necesitan para enfrentarse a un mundo que todavía no entienden y que - por supuesto - no los entiende a ellos.

La sociedad adulta tampoco sabe muy bien como tratar al adolescente. Por un lado ya no muestra hacia el la indulgencia con que perdona los errores del niño. Por otro lado tampoco le permite asumir el papel de adulto, alargando cada vez más el periodo de preparación necesario para incorporarse a la sociedad como miembro de pleno derecho. No es un niño, ni un adulto ¿qué es entonces? Para algunos el adolescente es un ser generoso, espontáneo, todavía ingenuo, lleno de ternura y curiosidad, en una palabra, la esperanza de un futuro mejor. Para otros es un ser molesto, critico, caprichoso, imprevisible, egoísta, orgulloso, incapaz de asumir responsabilidades. Tal vez unos y otros tengan algo de razón.

La vuelta a si mismo, la exaltación del yo, la reducción de la pandilla a un grupo de amigos escogido e intimo, la aparición de una sensualidad perturbadora, el profundo desarrollo intelectual, son algunas de las notas que marcan el principio de esta nueva fase de la vida que, sin romper totalmente con la infancia, apenas superada, orienta al adolescente hacia la madurez adulta.

También durante este periodo, probablemente tendrá que hacer frente al abuso de drogas, cuyo riesgo empezó ya en la etapa anterior. En la medida que nuestro trabajo durante los años anteriores haya sido eficaz y hayamos contribuido a hacer de nuestros hijos personas seguras de si mismos, independientes, con capacidad para relacionarse con otros y para tomar decisiones, habremos puesto las condiciones necesarias para que reaccionen adecuadamente a la oferta de drogas y puedan afrontar este nuevo periodo de su desarrollo.

Frente a un mundo tan cambiante como el que se vive, el adolescente, que también sufre profundos cambios, no puede mas que expresarse de la manera tan especial como lo hace, buscando en su expresión, la estabilidad de su personalidad perdida.



Características fundamentales de la adolescencia:

v Modificaciones físicas.

v Cambios psicológicos.

v Nueva percepción en cuanto a asunción y adjudicación de roles sociales.

v Desarrollo hacia el pensamiento adulto.

v Búsqueda de identidad.

v El grupo.

v Pensamiento formal abstracto.



En ciertas ocasiones el adolescente por diversas y variadas situaciones llega a limites de su accionar que rozan con el delito, acciones que entran en conflicto con la normativa legal, empieza el deambular, detenciones por merodeo, detenciones a disposición de padres, entradas circunstanciales a precintos, es aquí que se inaugura “oficialmente” la entrada al grupo del niño trasgresor o en conflicto con la ley penal.

La adolescencia es la etapa de la vida en la que las personas se encuentran en plena evolución intelectual, emocional y moral, sin haber culminado el proceso de formación para la vida adulta, lo que facilita, si se intervine a tiempo, la recuperación del niño o adolescente infractor en una proporción superior a la de los sujetos que delinquen mayores de edad.

El adolescente en conflicto con la ley penal, también denominados niños y adolescentes en riesgo social, adolescentes vulnerables, jóvenes transgresores, etc. Posee características singulares. Pero hay que advertir que no es la sumatoria indiscriminada de estas características la que da por resultado mágicamente al adolescente en conflicto con la ley penal, sino la complementariedad de algunas características imbricadas a una biografía con visicitudes diversas marcadas y enmarcadas en una familia singular y esta familia en interrelación con un contexto dado. El tema de la infancia y juventud en conflicto con la ley penal es un tema harto complejo por lo que las características que se enumeran son explicitados a manera pedagógica didáctica.




Características de los adolescentes en conflicto con la ley penal:

ü Impulsividad significativa: reacción inmediata sin reflexión previa.

ü Baja tolerancia a la frustración, no hay registro de la espera como un elemento ordenador, vivencia la espera como aniquilamiento.

ü Facilidad de paso al acto concatenado a la tendencia a actuar los conflictos. Fuerte impulso al disfrute del “aquí y ahora”, lo que unido a su vulnerabilidad para resistir a los estímulos del consumo, le incita a utilizar los medios más directos para conseguirlo (robo, tráfico de drogas, prostitución...)

ü Manipulación como estrategia para satisfacer sus necesidades en el aquí y ahora.

ü Escaso posicionamiento critico con respecto a transgresiones.

Autoestima alicaída con una imagen muy negativa de sí mismos, lo que facilita procesos de automarginación.

ü Dificultad para la comunicación, lo que entorpece la integración normal. Suele relacionarse sólo con pares de su misma situación y con aquellos que viven el mismo problema.

ü Acercamiento a grupos de riesgo, facilitado por la automarginación, la falta de límites desde los progenitores por lo que los niños pasan bastantes horas en la calle.

ü Inestabilidad emocional, pasando de la euforia al desanimo cíclicamente.

ü Depresión afectiva.

ü Vulnerabilidad a los grupos en riesgo: baja internalización del derecho al Si y del derecho al No.

ü Falta de límites: se debe dar todo aquí y ahora, no hay registro de la empatia.

ü Mecanismos de defensas estereotipados: generalmente de la proyección y la negación.

ü Desvalores: otorgan legitimación desde su cotidianeidad a valores y acciones socialmente no validas.

ü Precoz ingesta de drogas: como suedoalivio a las frustraciones.

Antecedentes de conducta delictiva a repetición: reincidencia en el delito.

ü Carencia severa de oportunidades: en casi todas las áreas en especial la laboral, económica y de ocio productivo.

ü Desconfianza en el sistema institucional relacionado dialécticamente con un acentuado rechazo de la autoridad, excepto al líder de la pandilla o de la banda.

ü Falta de compromiso afectivo con la sociedad o capacidad empatica disminuida significativamente.

ü Bajo desempeño escolar: generalmente repitientes crónicos, en especial en la escolaridad primaria pero asimismo en la enseñanza secundaria.

ü Problemas de convivencia escolar: excesivas sanciones escolares, expulsiones por problemas de conductas violentas y anómicas.

Desde una concepción de salud integral, debemos necesariamente remitirnos, y trabajar psicoterapéuticamente con el grupo de parentesco del adolescente en conflicto con la ley penal. El joven es integrante, emergente de una configuración familiar con singularidades, con partes saludables que hay que fortalecer desde el espacio psicológico y fragmentos patognomónicos donde como profesionales debemos estimular a que los miembros del grupo familiar reconozcan estas partes, para luego elaborarlas con el fin de lograr un posicionamiento critico con respecto a roles e interacciones. Es aquí que usualmente el joven emerge de una familia que denominamos multiproblematicas.



Aun se trabaje mas en lo institucional o en articulación interinstitucional, o en la modalidad que el psicólogo se proponga es menester que tengamos presente algo que focaliza Palazoli frente al señalamiento de una conducta problemática, el objeto de estudio deja de ser lo intrapsíquico, si no se toma como punto de referencia el sistema relacional del que el individuo forma parte. La atención se desplaza desde los procesos internos del individuo hacia sus relaciones con los demás. Pero señalemos que la familia se significa y resignifica en un todo social.




Familias Multiproblemáticas: se hace referencia a familias con graves dificultades, como pueden ser aisladas (sin apoyo de la familia extensa), excluidas (separadas de su contexto), suborganizadas (disfuncionales, con graves carencias de constancia en el desarrollo de los respectivos roles, sobre todo en el subsistema parental), asociales (con elevada frecuencia de comportamientos desviados a nivel social) o desorganizadas, disfunciones en la comunicación, o con caos comunicativo.

Ø Padres en disonancia educativa: por lo cual los progenitor no se ponen de acuerdo en los mensaje que deberían dar a sus hijos y frecuentemente cada cual dan mensajes diferentes y generalmente divergentes el uno del otro.

Ø Progenitores con roles desdibujados: superpuestos o con baja diferenciación.

Ø Personas inmaduras, le es dificultoso posicionarse en el lugar de adulto referente.

Ø Poca tolerancia a la frustración: por lo que las respuestas a las necesidades de los hijos son a veces inadecuadas o extremas.

Ø Sin posicionamiento crítico o propositivo: con respecto a su rol o función sin involucrarse como sujetos en cuanto a las visicitudes de los hijos.

Ø Padres “amigos”: (no posesionándose en el rol pertinente), por lo que no pueden transmitir mensajes, limites adecuados.

Ø Progenitores abandónicos: generalmente por actitudes adolescentitas de los progenitores.

Ø Progenitores expulsivos: que pueden darse por situaciones diversas entre ellos padres con un inadecuado mecanismo autorreferencial.

Ø Familias desintegradas que no logran elaborar tal situación.

Ø Falta de límites: por no lograr ponerles los límites claros concretos y coherentes a sus hijos, en cuanto a ellos mismo les cuesta limitarse de manera saludable.

Ø Indiferención en cuanto a la asunción y adjudicación de roles. En el endogrupo o en la familia extensa.

Ø Familias que facilitan inconscientemente la trasgresión: mediante mensajes y actos ambivalentes.

Ø Presencia en la dinámica familiar de desvalores: generalmente legitiman acciones socialmente no validas desde la vida familiar cotidiana.

Ø Numerosas, que en variadas situaciones no da lugar a la diferenciación de roles.

Ø Escaso espacio para compartir: esto hacinamiento generalmente facilita las situaciones hostiles.

Ø Precariedad laboral del jefe de familia.

Ø Economía de subsistencia: changas, cirujeo, venta ambulante, mendicidad, etc.

Ø Crianza de los hijos sin la presencia de uno de los progenitores, es decir monoparentales (circunstanciales o cíclicas,) por lo cual los hermanos suelen tener distintos apellidos; o alternancia de apellidos.

Ø Roles de madre o padre que son asumidos por hermanas/os mayores.

Ø Abandono escolar (o la permanencia en la escuela solo para cubrir las necesidades alimenticias primarias).

Ø Mala utilización (por desconocimiento) de los tiempos de ocio.

Ø Grupos de pares negativos (tanto en los menores como en los mayores).

Ø Antecedentes penales en algún/os miembro/s del grupo, varias de las veces con reincidencia en el delito de manera reincidente.



En la atención clínica diaria esta presente un vinculo terapeuta –paciente / adolescente; este vínculo genera un despliegue técnico-profesional que configura un campo de interacciones personales que es la situación terapéutica, que se inscribe en una realidad sanitaria dentro de una sociedad con diversos grados de evolución y desarrollo socioeconómico y cultural. A la manera de una espiral concéntrica de capas superpuestas interconectadas, estos elementos estructurados y estructurantes están siempre presentes en una vasta red de influencias gravitantes que dan cuenta de la calidad de dicho vínculo y de sus efectos sobre el proceso de salud-enfermedad.

La relación terapéutica con el paciente adolescente es compleja, por un lado hay una resistencia a la atención profesional, por otra parte se configura un rapport con importante aristas en cuanto a la identificación con el psicólogo, y por ende al modelo que este genera. Es desde esta posibilidad que es muy potable trabajar en la promoción y prevención de la salud desde la terapia grupal.

En esta búsqueda de identificación adolescente, el individuo recurre como comportamiento defensivo a la búsqueda de uniformidad, que puede brindar seguridad y estima personal. Allí surge el espíritu de grupo al que tan afecto se muestra el adolescente. Hay un proceso de sobre identificación masiva, en donde todos se identifican con cada uno. Los grupos sostienen a las personas a través de las redes de afecto que surgen entre los integrantes.

El punto de partida de toda acción terapéutica son las necesidades asistenciales del paciente. Las necesidades particulares de este sujeto en formación que se encuentra en una situación de contravención con la ley penal, que deben ser canalizadas a través de nuestra intervención profesional mediante un proceso de prevenir orientando desde la asistencia técnica.

El trabajo terapéutico implica un compromiso responsable, establecer una relación afectiva y discriminada, es decir un manejo adecuado de la disociación instrumental que de paso a la objetividad, por ende al trabajo profesional exitoso, para la contención del joven.

Asistir al Adolescente en conflicto con la Ley Penal será entonces poder efectuar la lectura de las necesidades no solo corporales sino también emocionales, familiares y sociales, acompañar a la persona en la “búsqueda de sentido de la vida”.



Trabajar terapéuticamente significa también anticiparse a las causas que en alguna medida, aportarían noxas a un organismo con un estado de vulnerabilidad en el que pudiera estar propenso o expuesto al proceso de enfermar.

La función del psicólogo es de psicodiagnóstico, tratamiento, asistencia, orientación y debe siempre propender a la prevención.

El trabajo del psicólogo en este ámbito se encuadra dentro de la Psicología Jurídica, ahora bien el profesional que aborda al niño y adolescente en conflicto con la ley penal, debe priorizar no únicamente a lo formación teorética, sino que debe tener predisposiciones especiales ser un profesional ético, humanizado y comprometido; desde aquí es que podemos esbozar un perfil del profesional que trabaja con esta población.




El perfil del psicólogo de niños y adolescentes en conflicto con la ley penal

El propósito de esta enumeración no es único, taxativa y definitoria; sino más bien uno de los fines indicativos es la de advertir sobre algunas particularidades del profesional que interviene con esta población especifica: la de los niños y adolescentes en conflicto con la ley penal. El trabajo del psicólogo con esta población es arduo y con aristas inconfundibles donde se enmarca dentro de los márgenes de la psicología jurídica pero debemos señalizar que se entrecruzan las conocimientos y técnicas de la psicología clínica, sanitaria, educacional y por cierto jurídica. Hecha esta aclaración van algunos ítems del perfil que correspondería debería tener el psicólogo que trabaja con niños y adolescentes en situación de trasgresión penal ya sea en institutos socioeducativos como en instancias de medidas alternativas de libertad:

Ø Poseer experiencia clínica, diagnostica, psicoterapéutica y sanitarista.

Ø Buen manejo de Atención Primaria de la Salud.

Ø Habilidad para asesorar.

Ø Pensamiento crítico y propositito.

Ø Capacidad de investigación jurídica y académica.

Ø Conocimiento de cultura general y temática especifica.

Ø Sagacidad, creatividad.

Ø Formación en abordaje de adolescentes.

Ø Empático.

Ø Reflexivo.

Ø Compromiso ético.

Ø Alto umbral de tolerancia a la frustración.

Ø Tolerancia al stress.

Ø Manejo de la disociación instrumental.



El tratamiento que realizamos es individual, y/o familiar, eventualmente se realiza tratamiento grupal si se cumplen determinados criterios de selección previamente pautados.

Prevención: es todo recurso que permite reducir, disminuir, interrumpir o aminorar la progresión de una afección o enfermedad. Prevención es anticiparse, actuar antes de,..

Por una parte se evita la enfermedad, antes de que suceda y por otra se cura una vez aparecida. Se trata pues, no solo de evitar, sino, que una vez instalada la enfermedad, detener su curso hasta conseguir la curación o en caso de no ser posible, retrasar su progresión el máximo tiempo que se pueda. Esta prevención cobre sentido desde la concepción de asistencia entendida como ayudar, socorrer o servir al otro en necesidad, se trata entonces de una mutua convergencia entre el otro necesitado y el ofrecimiento de quien lo asiste. Es importante discriminar cuales son los recursos en él haber de ambos y elegir entre ellos él mas adecuado a las circunstancias. De esta manera el asistido será individualizado, puesto que las necesidades de atención surgen de campos diferentes. Poder comprender lo que el otro necesita determinará el curso de acción a seguir. Es desde aquí que el objetivo fundamental de la prevención es acompañar y favorecer el desarrollo socio /afectivo / madurativo de los adolescentes con objeto de que estén preparados y en condiciones de rechazar las ofertas de situaciones transgresoras, a las que frecuentemente y cotidianamente están expuestos; es a la vez promover, potenciar habilidades y capacidades socialmente loables.

Educación Preventiva es un proceso dinámico en el que Educadores y Educandos son a la vez, simultáneamente, emisores y receptores de mensajes, la Educación Preventiva es un proceso que abarca un amplio conjunto de actitudes que apuntan al desarrollo intelectual, emotivo, psicológico y físico de la persona, en la practica información y educación se funden y se confunden en un mismo Proceso de Prevención.

Las actividades preventivas, en la actualidad se clasifican en tres niveles, estos son: prevención Primaria, Secundaria, Terciaria. Actualmente se habla de medidas preventivas cuaternarias, pero aun es su utilización controvertida pues generalmente se la sitúa dentro de las acciones de la prevención terciara.

v Prevención Primaria: tiene como objeto disminuir la probabilidad de ocurrencia de las afecciones y enfermedades.

Las medidas de prevención actúan en el período pre-patológico.

Se distinguen dos tipos de actividades de Prevención Primaria:

a) Promoción de la salud b) Protección de la salud.

a) La promoción de la salud busca el bienestar general de las personas. Por ej.: educación sanitaria, vivienda, recreación, educación sexual, nivel nutricional, genético, examen periódico de salud.

b) La protección de la salud: medidas aplicadas a una enfermedad o grupo de enfermedades tendientes a interceptar las causas antes que involucren al hombre. Por ej.: Saneamiento ambiental, inmunizaciones etc.




v Prevención Secundaria: tienen como objeto de evitar la propagación y la transmisión de la enfermedad hacia otros.

Las actividades se desarrollan en el período patológico.



Las actividades son: diagnostico precoz, tratamiento inmediato, prevenir complicaciones, prevenir la incapacidad prolongada.



v Prevención Terciaria: (rehabilitación) actúa cuando las lesiones patológicas son irreversibles y la enfermedad está establecida.

Su objetivo es volver al individuo afectado a un lugar útil en la sociedad y utilizar las capacidades de funcionamiento. La rehabilitación contiene elementos físicos, psicológicos y sociales. El éxito de ella dependerá de adecuados recursos dentro de la institución familiar, hospitalaria, y de la comunidad.

v Prevención Cuaternaria: Es la reinserción laboral del paciente y se trabaja para devolver la independencia económica del sujeto. Es todavía su inclusión polémica, pues a veces se la considera parte dependiente de la prevención terciaria. Esta medida preventiva esta directamente relacionada al marco socio-económico que será potable o no para que esta persona que se rehabilitó socialmente pueda insertarse en una profesión, arte u oficio.




Estos niveles preventivos no son incompatibles entre sí, no se excluyen sino que se complementan, enriqueciéndose mutuamente en su implementación conjunta con el fin de mejorar la calidad de vida de la gente y de la sociedad en su conjunto. Pero siempre teniendo presente que esta prevención debe tender como fin ultimo a una prevención social del delito que se centre en los jóvenes en tanto titulares de una psicosociobiografia imbricados en una red vincular comunitaria.



En esta línea se trabaja esencialmente con los factores protectores tanto en el ámbito familiar como individual, cobrando incidencia significativa los siguientes aspectos del desarrollo socio/personal:

Ø La autoestima: como estrategia para que el adolescente se apropie de elementos saludables en cuanto lo posiciones como sujeto de derechos.

Ø La autonomía y la responsabilidad: relacionada al punto anterior, con énfasis en la inclusión educativa o laboral.

Ø El discernimiento: como paso previo, gradual y sostenido al Derecho al Si y el Derecho al No desde una postura crítica propositiva y socialmente loable.

Ø La competencia para las relaciones interpersonales: a través del intercambio con instituciones del medio inmediato desde una postura empatica.



Un punto a destacar en el adolescente es el pobre auto concepto e imagen negativa que tienen de sí mismo, en la medida en que los adultos referentes los incentiven, les planteen retos, apoyo, contención, les feliciten y recompensen según las adquisiciones o logros, les ayuden a relativizar los errores, estarán fomentando sentimientos de competencia personal y de seguridad, haciendo que se sientan aceptados y que vayan formando una imagen positiva de si mismo. Esta imagen se fundamenta en el desarrollo de la autonomía y responsabilidad.

La autonomía es el sentido de la propia identidad, la habilidad para actuar independientemente y el control de algunos factores del entorno.

En el espacio terapéutico, una de las estrategias es hacer al individuo más autónomo y responsable de la construcción de su propio estilo de vida saludable.

Algunas de las estrategias se deben dirigir a:

Ø El conocimiento y consiguiente insight de aquellas acciones y decisiones responsables que favorecen el desarrollo de su autonomía.

Ø Impulsar, estimular la creación de alternativas, tanto por parte de las personas adultas como por parte del adolescente, cuya puesta en práctica les permita reconocer su propio poder de decisión, su propio compromiso y responsabilidad ante la decisión tomada.



Se trata de ayudarles a “darse cuenta” de la importancia del autocontrol ante las situaciones adversas y de aprender a solucionar sus problemas con los medios a su alcance, a la vez estimularlos a la toma de decisiones en forma autónoma, razonada y responsable. Esta función se realiza en forma sostenida, firme y focalizada. Pero cabe advertir que en nuestro trabajo cotidiano “que no existe una estrategia fija para el abordaje de esta población, sino que los recursos terapéuticos se utilizan de acuerdo a cada caso, teniendo en cuenta la singularidad de cada institución y/o programa alternativo a la institucionalización en su comunicad imbricado a la comunidad a la que pertenece ese niño o adolescente. Desde aquí es que decimos que es una práctica heterodoxa que se perfila en tanto al sujeto atravesado por una situación legal peculiar entre otras consideraciones que hacen al caso por caso.

Dicha intervención profesional del psicólogo se inscribe y circunscribe en una práctica interdisciplinaria, marcada y enmarcada en un tratamiento correccional integral cuya meta es la resocializacion de la persona en formación que esta en conflicto con la ley penal.

El trabajo psicoterapéutico del psicólogo con adolescentes en conflicto con la ley penal institucionalizados, ya sea en institutos socioeducativos, residencias, de adolescentes en riesgo social o bien en sistemas alternativos a la institucionalización como podrían ser programas de Libertad Asistida, Guardas, Programa de Atención Inmediata, Programas de Inclusión Educativos / Laborales, trabajos comunitarios, programas de rehabilitación para drogas- tiene un rol de diagnostico, asistencia, tratamiento fundamentalmente, pero debemos advertir que si bien las tareas y acciones de salud que realiza el psicólogo se ubican en la prevención secundaria (asistencia), no obstante no se puede desconocer que cuando el psicólogo atiende a un paciente sosteniéndolo, conteniéndolo, fortaleciendo sus partes sanas dentro de hábitat social, esta desarrollando o facilitando medidas preventivas primarias,secundarias terciarias y cuaternarias.





Conclusiones:
Desde una perspectiva psicológica-criminológica, el carácter educativo interdisciplinario del tratamiento (integral, individualizado) adquiere suma trascendencia ya que los jóvenes por su condición de seres humanos en desarrollo se encuentran en una situación jurídica-social diferente respecto a los adultos, en relación con la insuficiente madurez para comprender la criminalidad del acto o para conducirse conforme a esa comprensión, por lo cual requiere una atención específica acorde a sus necesidades personales, familiares y sociales. El fin del tratamiento es resocializar al joven.

No respetar los derechos del niño es aberrante, pero además es inconstitucional.

La defensa de los derechos de las personas, y en particular de los derechos del niño, es algo que debe practicarse todos los días. De cada uno de nosotros depende la plena vigencia de esos derechos, que son los nuestros.

Asistir al Adolescente en conflicto con la Ley Penal será entonces poder efectuar la lectura de las necesidades no solo corporales sino también emocionales, familiares y sociales, acompañar a la persona en formación en la “búsqueda de sentido de la vida”.






Autores:

Ø Gabriela A. Arévalo – Lic en psicología.

Ø Jorge R. Maldonado – Lic en psicología.




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Nuestro agradecimiento a todos nuestros alumnos de los distintos cursos de formación en adolescencia, salud y educación quienes durante el transcurrir de los años nos fueron aportando datos, material bibliográfico, correcciones y sugerencias para culminar esta publicación.. Asimismo el más calido agradecimiento a nuestros amigos colegas que nos alientan constantemente en nuestro trabajo profesional cotidiano. Dejamos nuestro mail para recibir comunicarnos y recibir comentarios sugerencias jorgermaldonado@yahoo.com.ar






Gabriela A. Arévalo.
Jorge R. Maldonado
Licenciados en Psicología
Universidad Nacional de Córdoba.
jorgermaldonado@yahoo.com.ar