miércoles, 8 de octubre de 2008

Lo que se debe saber de los colirios

Lo que se debe saber de los colirios

Los colirios son distintos tipos de medicamentos disueltos en agua que actúan localmente sobre los ojos. Suelen utilizarse sobre todo para tratar conjuntivitis, pero también resultan muy eficaces para combatir otras patologías del globo ocular, tales como queratitis (grave inflamación de la cornea), uveítis e iritis (inflamaciones en el interior del globo ocular), glaucoma (elevación de la presión de los líquidos existentes dentro del ojo, causa frecuente de ceguera) y diversas enfermedades que se asientan sobre las estructuras vecinas, como inflamaciones de los párpados, orzuelos, lesiones de las vías lagrimales, etc.

En función del compuesto activo que contengan los colirios y del uso que se les dé, pueden clasificarse en:

Antisépticos y antibióticos: Contienen sulfamidas, cloramfenicol, gentamicina, tetraciclinas... Sirven para tratar conjuntivitis, queratitis, orzuelos y afecciones de los párpados.

Sedantes y anestésicos: Con tetracaina, benoxinato y otros anestésicos locales. Resultan especialmente útiles en patologías dolorosas y en malestar del ojo (traumatismos, conjuntivitis...). Pueden llevar asociados otros productos, como antibióticos.

Antiinflamatorios y antialérgicos: Contienen habitualmente corticoides; son muy eficaces en conjuntivitis crónicas y alérgicas, además de en otros procesos en los que predomina una inflamación.

Midriáticos: Destacan la fenilefrina y el sulfato de atropina. Dilatan la pupila para facilitar ciertas exploraciones oculares.

Mióticos: Contraen la pupila. Entre ellos cabe citar la pilocarpina, uno de los medicamentos mas comúnmente empleados contra el glaucoma.

Lubricantes y sustitutos de las lágrimas: Son de gran utilidad en personas con problemas de sequedad ocular, y en sujetos con lentes de contacto. Aunque los colirios son una modalidad de medicación local, y por lo tanto tienen escasa repercusión en el resto del organismo, su utilización debe ser indicada y supervisada siempre por un médico, para evitar posibles efectos secundarios tanto en los ojos como en el estado general del paciente.

¿Cómo aplicar un colirio?

- El paciente debe lavarse las manos antes y después de aplicárselo, para evitar posibles contagios.

- Quien lo recibe ha de estar sentado, con la cabeza apoyada y echada hacia atrás.

- El encargado de administrarlo debe estar de pie frente a él.

- Tirar hacia abajo el párpado inferior.

- Ordenar entonces al paciente que mire hacia arriba.

- Dejar caer el numero de gotas establecido entre el globo ocular y el párpado.

- Evitar que la punta del frasco o cuentagotas toque el ojo, pues en ese caso podrían pasar gérmenes al recipiente del colirio, además de la posibilidad de lesionar involuntariamente el globo ocular.

Durante su uso

- Guardar el frasco que contiene el producto bien cerrado y en posición vertical.

- Mantener el colirio en un lugar fresco y oscuro.

- Si se observa que el líquido, normalmente transparente, toma alguna coloración o forma depósitos, hay que abstenerse de usarlo, porque podría resultar peligroso.

- Agitar el bote antes de ser utilizado.

- No usar nunca los colirios en más de una persona.

- Por tratarse de una medicación local no existe riesgo de interacción con otros fármacos, alimentos o bebidas.

- Respetar rigurosamente los intervalos entre las dosis al emplear colirios antibióticos; con ello se evita la posible resistencia de los gérmenes que merman su eficacia.

- El escozor intenso y momentáneo tras la aplicación de ciertos colirios en el ojo no debe extrañar al paciente. Sin embargo, si perdura o empeora la sintomatología se debe consultar a un médico.

Efectos secundarios

- No usar los colirios con corticoides durante periodos prolongados, porque facilitan la aparición de infecciones, cataratas y glaucoma.

- También conviene evitar los tratamientos largos con antibióticos que predisponen a padecer sobreinfecciones por hongos, y con anestésicos-sedantes, que acarrean problemas oculares por disminución de la cantidad de lágrimas.

- El empleo de colirios con atropina puede plantear problemas, ya que parte de la misma puede ser absorbida sobre todo en los niños, provocando inquietud, enrojecimiento de la cara, sequedad en la boca, falta de sudoración, palpitaciones...

- Los colirios con epinefrina ocasionan a veces dolor de cabeza, palpitaciones, palidez, temblores y sudoración, por lo que deben ser empleados con precaución en personas con problemas de hipertensión o cardíacos.

- Tras la aplicación de colirios midriáticos sobrevienen a menudo una visión borrosa, en especial para leer letra impresa, y fácil deslumbramiento.

- Los midriáticos pueden desencadenar una grave crisis de glaucoma (dolor súbito e intenso en el ojo, náuseas y vómitos, mala visión...), sobre todo en ancianos.

- No utilizar nunca colirios con corticoides cuando se sospecha que se padece una infección, salvo si se asocian a antibióticos. Quedan igualmente prohibidos en presencia de herpes.

- Evitar el uso de sedantes y anestésicos en la córnea, ya que retrasan la cicatrización de las úlceras allí localizadas.

- No administrar jamás colirio a sujetos con alergia a cualquiera de sus componentes, especialmente los antibióticos, ya que podrían generar respuestas muy graves.

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